Pido el uso de la palabra

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Es terrible esto de no tener que decir, ¡les digo que es terrible!, sentir que de tantas palabras ninguna llega hoy sola, ¡como si tuviera que forzarlas y así no sale nada! Se brincan letras, me confunden, se mezclan, me dejan solo el escenario. De tantas oraciones existentes, no logro que solo una permanezca unida, las palabras corren como si me tuvieran miedo, como si fuera el ogro del que por fin se liberan. Quise preguntarle a la palabra “Explicación” ¿qué era lo que pasaba? Ya que la encontré en un pasillo sentada y al verme parecía que hubiera visto la misma muerte, y salió disparada. Es tan triste no poder decir nada, quedarme muda, con todas estas historias y narraciones, estancada.

Hoy no llega nada, es como si en mí las palabras ya no confiaran. Admito, que las he usado demasiado y no precisamente para lo que fueron hechas, ese tanto sí debo de admitirlo, de ese tanto sí soy culpable. Con ellas he mentido, me he mentido; he disfrazado, he alejado a tanto y a tantos, he herido, he lastimado, como puedo quejarme ahora, ¡de que no quieran salir a contarles nada! Si es mi culpa, es solamente mi culpa. No las trate como debían, no me di cuenta de todo lo que por mí hacían, me mal aconsejó la arrogancia, desgastó mi verborrea y ahora es demasiado tarde, la palabra “perdón” se encuentra agotada, y el “pero” ha perdido toda credibilidad, ya no puede rescatarme.

Voy a casa del “arrepentimiento”, conseguí la dirección de la “oportunidad”, aunque debo de admitir que no me la dio de muy buena gana. Quiero hacer las paces con todas ellas, aceptar mi fallo, aceptar el mal uso, la falta de decoro de mi parte, y tantas veces la falta de respeto. Es que yo aprendí a usarlas sola, nadie jamás me instruyó en ello, y mis formas de calle, mis formas coloquiales las han desgastado, las hice sentir como cualquieras. La hija cuervo que les sacó los ojos, la mal agradecida que nunca lo contextualizo, mi falta de decoro, mis errores de ortografía, ¡qué esperaba! Me lo exclamo y no me lo pregunto yo.