Penumbra

Por Daniel Salinas Basave

When the night comes down  no está entre las canciones más célebres de Judas Priest, pero me fue imposible no tararearla mentalmente mientras observaba las imágenes de Penumbra,  la exposición que el fotógrafo Tizoc Santibáñez ha montado en el Centro Cultural Tijuana. Hay siempre una dosis de embrujo en la contemplación de la luz moribunda. Los últimos vestigios del día se diluyen y el abrazo de las sombras nos envuelve lentamente.

En nueve imágenes, Tizoc ha logrado captar ese umbral crepuscular de minutos, la frontera entre la agonía de la luz y el manto de la oscuridad derramándose sobre la ciudad. Son fotografías que imagino tomadas casi todas desde laderas o colinas en las afueras de Tijuana o Rosarito donde se observan entornos suburbanos, la ciudad como una mancha lejana donde irrumpen desafiantes las luces artificiales. Imposible no echar a volar la imaginación e imaginar las mil y un historias que se incuban bajo las sombras: los infiernos individuales, las pesadillas, las horas insomnes, los arrebatos pasionales, los crímenes, las plegarias.

Ganador de la Segunda Bienal Nacional de Paisaje 2017, Tizoc ha dedicado más de dos años a la conformación de Penumbra, abrevando de la calma para observar y aguardar pacientemente el momento exacto del crepúsculo en que la oscuridad destiñe el último jirón de luz. Esos momentos de concentración y abstracción casi mística negados durante años por el intenso fragor del fotoperiodismo. Conocí a Tizoc en 1999, inmersos en la aventura de edificar desde los cimientos un nuevo periódico en Tijuana. Nos tocó hacer equipo por vez primera cuando aún fungíamos como corresponsalía de La Crónica, en un viaje relámpago rumbo a San Quintín donde 17 trabajadores mixtecos habían perecido calcinados luego de que el camión en donde viajaban se desbarrancara en una curva. Recuerdo la densidad de la noche y los rostros hieráticos de los jornaleros que compartían una botella de aguardiente frente a 17 magros ataúdes yacientes al interior de un gallinero improvisado como funeraria. Fue entonces cuando descubrí a un fotógrafo de mirada profunda, siempre en busca de un detalle o de un gesto irrepetible.

Volví a hacer equipo con Tizoc en Sacramento, California, durante la Conferencia de Gobernadores Fronterizos en la primavera del 2000. El mundo vivía aún inmerso en el idilio neoliberal de los 90 y nadie intuía que el horror estaba ya a la vuelta de la esquina. Recuerdo a Tizoc retratando a George Bush, que acudió a Sacramento como gobernador texano y como candidato presidencial republicano. El planeta ya era un lugar muy distinto cuando Tizoc y yo fuimos a cubrir una nueva Conferencia Fronteriza, ahora en el Hollywood del Governator en otoño de 2008, un mal show de payasa frivolidad en el umbral de una devastadora recesión económica.

Compartí con Tizoc infinidad de coberturas y bomberazos en las calles de Tijuana, y también la emoción y el hechizo musical de no pocos conciertos. El periodismo es una extraordinaria escuela para fotógrafos y reporteros, pero es también un asesino en serie de vocaciones artísticas. Tizoc se graduó con honores en la escuela del fotoperiodismo, pero le fue preciso dejarla para emprender proyectos que requieren paciencia y serenidad para acechar ese instante de luz que dará como resultado una fotografía única. La mirada profunda de Tizoc está materializando su vocación y  seguro estoy que Penumbra es solo el comienzo de una nueva aventura por venir.

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