Penetra su mente

Por Juan Manuel Hernández Niebla

“Nadie es tan viejo como para dar un consejo”

Facundo Cabral

Existe una gran tendencia de la gente para influenciar a los demás a través de las palabras. Sin embargo, los resultados no siempre son los deseados debido a que estas generan resultados extraños. Por ejemplo, puedes ofrecer consejos, y por sensatos que sean, el receptor pensará que sabes más que el.

En la medida que afectes sus inseguridades, tus palabras tendrán el efecto contrario en la acción que pretendes generar. Una vez transmitido el mensaje, el que escucha hará lo que quiera con él, interpretándolo según sus intereses.

A menudo, cuando la gente aparenta escuchar, asintiendo con la cabeza, en realidad solo está tratando de ser agradable, en ocasiones tratando de deshacerse de ti.

Esto no significa que la intención de trascender a través del lenguaje sea imposible, solo que debe ser mucho más estratégico y basado en el conocimiento de la psicología personal.

Lo que verdaderamente marca nuestro patrón de conducta es nuestra experiencia; aquel hecho que nos sacude emocionalmente, que rompe nuestros patrones, que tiene un impacto duradero en nosotros. Es entonces cuando las ideas nos penetran y se convierten en una acción a seguir.

Solo aquello que nos agita profundamente, echando raíces en nosotros, tiene el poder de cambiar verdaderamente lo que hacemos.

El discurso normal, e incluso la mejor escritura, usualmente solo tocan a la gente en la superficie. Consecuentemente, debes enfocarte en la mejor forma de comunicarte: el método que utilizas para llevar a la gente hacia las acciones que deseas.

Una vez establecida esta dinámica, aprende a ampliar tu vocabulario mas allá de la comunicación explícita. Haz que “sientan” la idea que tratas de comunicar, haciéndola que esta parezca emerger de su propia mente. Este tipo de comunicación tiene la capacidad de penetrar hondo en la mente de la gente.

Nunca te concentres en ti mismo ni en lo que sientas necesidad de expresar, sino en la sensibilidad de tu audiencia. Si tratas con personas que están aburridas y con poca atención, trata de entretenerlas, deslizando tus ideas a través del subconsciente.

Con los líderes, debes ser cauto e indirecto, quizás utilizando a terceros. Con los jóvenes, tu expresión debe ser explosiva. Tus palabras deben tener movimiento, buscando más que la expresión personal, el poder y la influencia. Cuando menos consiente esté tu audiencia de tu forma de comunicar, más fácilmente captará tu mensaje.

Evita a toda costa un leguaje estático, sermoneador y demasiado personal. Haz de tus palabras una chispa para la acción, no para la contemplación pasiva. Para realmente alterar su conducta, debes alterar su experiencia, apuntar a sus emociones, inyectar imágenes en su mente.

Recuerda que toda comunicación que no promueve una causa ni produce el resultado deseado se convierte en auto alabanza para el comunicador. Haz que tu mensaje trascienda mas allá del leguaje verbal a través de un entendimiento profundo de tu audiencia y del mensaje que deseas comunicar.

Sé más severo contigo y con los demás: el fracaso en la comunicación no es culpa de la audiencia, sino del comunicador.