Pedro Ochoa y los años de oro del Cecut

“Me llevo la satisfacción a haber logrado concretar un estreno mundial en el cine Imax”, dijo el Director General del Cecut. Fotografía: José Alfredo Jiménez

Por Daniel Salinas Basave y Luis Fernando Vázquez Bayod

Tijuana.- Acaso algunos años después, cuando todo esto sea polvo de ayeres, Pedro Ochoa Palacio recordará la noche en que el Centro Cultural Tijuana se quedó a oscuras, justo al momento de abrir las cajas donde yacía el Vía Crucis de Fernando Botero, recién llegado de Colombia.

En su mente revivirá los minutos de tensión extrema que siguieron al instante en que se escuchó una explosión y todo el museo quedó en tinieblas.

Un temerario ladrón intentó robar cable de la subestación eléctrica del Cecut ubicada en la Vía Rápida, con tan mala fortuna que provocó una explosión y un apagón.

Alumbrados con las luces de los celulares y alguna linterna, Pedro Ochoa, el comisario colombiano que viajó con la obra desde Bogotá y el personal experto de museografía se dieron a la tarea de ir sacando los cuadros de Botero. En medio de la total oscuridad, aquello fue como redescubrir la obra y descubrir las claves de su embrujo.

“Abrimos las cajas a oscuras, con sumo cuidado, con guantes especiales, con los comisarios de Colombia, pero alumbrados por las luces de los celulares”, narra el director general del Cecut. “Los colombianos nos trasmitieron toda la confianza y nosotros, con las luces de los celulares y las luces portátiles, apreciamos la maestría de Botero, su genialidad. Las piezas están hechas de primera intención. Cuando tú miras un óleo por atrás puedes detectar una pequeña falla, una pequeña curva, que la pincelada corrigió alguna imperfección, pero con Botero todas las líneas eran perfectas. Como equipo aprendimos muchísimo y fue una experiencia sublime”.

Al momento en que la luz se fue, el actor Mario Iván Martínez se preparaba para estrenar su monólogo de Vicent Van Gogh en el Cine IMAX y los meseros de El Cubo Bistro afinaban detalles para la inauguración del restaurante. Esa noche se celebraba el 35 aniversario del Centro Cultural Tijuana, inmerso en una espiral de exposiciones y eventos capaces de convocar multitudes.

Aquella noche fue un momento inolvidable, pero la realidad es que en estos poco más de cinco años de trabajo Pedro Ochoa ha vivido más de una emoción fuerte.

En el último lustro, el Centro Cultural Tijuana ascendió a la elite de los mejores museos mexicanos, una suerte de liga premier en donde solo compiten los recintos con estándares internacionales.

Tan solo en el último año, el Cecut logró batir la marca de dos millones de visitantes en un año. Durante 2017 fueron 2 millones 70 mil personas las que entraron al Cecut.

Para dar una idea de lo que eso significa, basta señalar que el museo más visitado en México, que es el Nacional de Antropología, recibió 2 millones 300 mil visitantes, ligeramente por arriba del Castillo de Chapultepec. El que el Cecut pueda competir con números similares a los de semejantes museos, es un claro reflejo de su crecimiento, máxime si se toma en cuenta la población de la Ciudad de México en comparación con la de Tijuana.

La oficina de Pedro Ochoa parece impregnada por la nostalgia que vendrá. Lentamente ha comenzado su mudanza llevándose algunos de los objetos de sus colecciones personales que daban una atmósfera muy particular al sitio. La taza donde bebe café está pintada con la Venus de Botticelli, El Grito de Munch, una Menina de Velásquez. Sobre la mesa hay un libro con pinturas de José Clemente Orozco y un par de alebrijes nos acechan desde las mesas circundantes. Hay figuras en miniatura de todos los presidentes mexicanos, monitos que representan a Borges, Ernesto Sábato, Carlos Fuentes y Monsiváis entre otros.

Las colecciones personales adornan la oficina de Pedro Ochoa. Fotografía: José Alfredo Jiménez

Pedro concluye un periodo en el que el Cecut se volvió punto de referencia nacional e internacional, con exposiciones y espectáculos que batieron todos los récords de convocatoria.

“Botero tuvo 57 mil visitantes en tres meses, solo tres mil menos que Frida, que fueron 60 mil. Vinieron muchos jóvenes. Se agotaron los catálogos, algo que no ocurre muy seguido’, expresó Ochoa.

Aunque Frida y Botero fueron las exposiciones que convocaron un mayor número de visitantes, no fueron las únicas.

“Hubo también exposiciones como la de Vicente Rojo, la de los Grandes Maestros, la de los oaxaqueños que convocaron muchísima gente. También me llevo la satisfacción a haber logrado concretar un estreno mundial en el cine Imax”, comentó, refiriéndose a “Cuba. Un viaje al corazón del Caribe”.

A ello se deben sumar espectáculos musicales de  primer nivel como Fito Páez, Concha Buika, Horacio Franco, Carlos Prieto, entre otros.

Además de mantener un estándar de exposiciones y espectáculos de nivel internacional, el Cecut se consolidó como el ombligo de la cultura en Tijuana al abrir las puertas a todas las expresiones artísticas y culturales de la región, además de ser sede de festivales, ferias, y el lugar de reunión de no pocos grupos culturales.

En el Cecut se celebran festivales como Entijuanarte, Tijuana Inter Zona, se celebra desde 2013 la Feria del Libro y ahí sesionan grupos como el Seminario de Cultura Mexicana o el Colegio de Comunicadores.

También se destinó el tercer piso de El Cubo solo a artistas de la región, como Daniel Ruanova, que recientemente inauguró ahí una exposición. También se consolidó la Bienal de Cerámica, la única en el país que se celebra fuera de la Ciudad de México. Antes de despedirse, Ochoa alcanzará a presentar el libro de Roberto Rosique en donde documenta gráficamente en más de 300 imágenes la obra de todos los artistas de Tijuana. Se llamará Tijuana, un anecdotario visual.

Algo de lo más alentador, es saber que más  de 400 mil niños al año visitan el Cecut y Pedro Ochoa tiene muy claro que ellos son el público del futuro, al que hay que apostarle en grande.

Aunque se batieron récords de convocatoria y se concretaron exposiciones y espectáculos nunca antes vistos, hubo también deseos no cumplidos.

“Quedé con enormes ganas de que viniera la Sinfónica Nacional. Vino la Compañía Nacional de Teatro, pero por cuestiones de recursos y agenda no pudimos traer a la Sinfónica”, narra Ochoa.

El Cecut siguió creciendo, pero tiene las mismas 15 plazas de empleados para servicios generales de toda la vida. Clave fue el apoyo de algunas empresas que se han sumado activamente como patrocinadores y asocian su marca a los eventos del Cecut.

El Centro Cultural Tijuana está encarnado en la sociedad tijuanense, es corazón y centro neurálgico de su vida cultura y puede afirmarse que en el último lustro ha vivido sus años de oro.

Fotografía: José Alfredo Jiménez

Pedro Ochoa Palacio

  • Fue designado por segunda vez director general del Cecut en febrero de 2013
  • Ocupó la dirección general del Cecut de 1989-1994
  • Entre otros cargos, fue Agregado Cultural en el Consulado General de México en San Diego (2001-2013); Director del Departamento de Comunicación del Centro Universitario de Tijuana; Subdirector Administrativo del Centro Nacional de las Artes (1996); así como Coordinador de Supervisión y Control Operativo en el Instituto Nacional de Migración (1994).
  • En 2017 recibió el Premio Agustín Lara, por parte del Consejo Latinoamericano de las Artes del Museo Bowers por su trayectoria cívica y cultural

Directores del Cecut

  • 1981 – Ricardo Sánchez Guadarrama
  • 1982-1983 – Guillermo Schmidhuber
  • 1982-1983 – Humberto Terán (interino)
  • 1983-1989 – Rodolfo Pataky
  • 1989-1994 – Pedro Ochoa Palacio
  • 1994-1995 – José Luis Pardo (interino)
  • 1995-2000 – Alfredo Álvarez Cárdenas
  • 2000-2001 – José Luis Arroyo (interino)
  • 2001-2009 – Teresa Vicencio
  • 2009 – Héctor Villanueva (interino)
  • 2009-2013 – Virgilio Muñoz
  • 2013-actual– Pedro Ochoa Palacio