Pasar hoja y algo de mí

Por Ana Celia Pérez Jiménez

¿En dónde puedo comenzar? ¿En dónde puedo dejar esto para ir tras lo que amo? ¿En dónde comienzo amar? Se puede ir de pausa en pausa y terminar de ver una película hasta llegar a la pantalla blanca.

Con esa idea absurda de tener que esperar a terminar la comida para poder llegar al postre, de tener que batallar y sufrir para poder paladear una victoria, de poder retirarse y descansar después de una vida de trabajo. ¿Por qué nos enseñan tanto a perder el tiempo como si se regalara? Y por qué compramos el “postergar” y luego nos quejamos de la infame desilusión, la que juega en provocación, en elevadores emocionales, para después tirarte desde lo alto y desde el borde con toda la advertencia.

Hay tantos planes para después, que nos hace ser tan arrogantes, como si conociéramos de la línea de la vida, de la cantidad de hojas en nuestro libro, de a cuántos pasos caeremos rendidos.

Se habla del vivir el ahora pero siempre hay tanto en el bolsillo de mañana sin planes de ser cometido, hasta eso desperdiciamos. La casa para cuando tenga mi familia, la figura ideal para el vestido de esa talla ideal, un beso para después, el ahorro de las palabras con significados importantes porque esas “hay que soltarlas gradualmente”.

No vivimos en el ahora y la verdad es que no queremos hacerlo porque si así lo hiciéramos aceptaríamos nuestra desgarradora mortalidad y segundero en los latidos. Jugamos y después vivimos a los eternos, al sueño, al mañana, a la ambición, a lo gradual. El mundo nunca de un solo bocado, menos el amor.

“Me esperaré a mañana a buscar lo que quiero que apenas descubro”, “seré la persona que siempre quise cuando pase todo esto”, “escribiré un libro al recaudar la suficiente información”, “habré tenido una vida plena cuando tache mi lista” y así podría seguir por mil cuartillas dónde todos y cada uno se identificaría.

El mañana y sus cortinas de margaritas y olor a café y como que de algo próspero así lo imagino y a veces yo en él, siendo obtusa y contradictoria como cada día porque de mí la vida ha hecho mucho, mucho, y tantas cosas que me faltan que las he puesto en un paquete frágil que me llega el día de mañana.