Pandemia e inseguridad

Por Juan Manuel Hernández Niebla

“Las epidemias han tenido más influencia que los gobiernos en el devenir de nuestra historia”. George Bernard Shaw

Marzo 2020 ha sido el mes más violento en materia de homicidios en México. BC no es la excepción. Sin cifras oficiales todavía, a marzo el estado tuvo 238 homicidios, 162 cometidos en Tijuana.

Si bien el acumulado de homicidios del año está por debajo de los años anteriores, estatalmente marzo supera al mismo mes del año anterior, donde Tijuana también tiene dos meses consecutivos al alza.

Estos números se dan a pesar de la pandemia, donde por lógica se pensaría que por la cuarentena, este y otros delitos deberían estar disminuyendo.

Abril pareciera tener una misma tendencia, Tijuana ha tenido cuando menos un par de días con 7 homicidios diarios.

Según la organización Semáforo Delictivo, BC ocupa e nivel nacional el 1er. lugar en feminicidios y robo a vehículos, 2do. en homicidios y narcomenudeo, 4to. en violaciones, 5to. en robo a comercio y secuestros, y 6to. en violencia familiar y robo a casas.

En este contexto, la pandemia indudablemente va a generar cambios en las estadísticas arriba mencionadas, donde existirían puntos importantes a considerar.

La reducción en la circulación de la gente pudiera impactar favorablemente algunas categorías de robos. Menos gente desplazándose implica menos vulnerabilidad de la misma.

Algunos ministerios públicos y el sistema judicial están en cuarentena. Esto combinado a la disminución de la población para acudir a denunciar por temor a contagiarse, pudieran generar disminuciones “ficticias” en las estadísticas de delitos.

La fuerza policiaca no se  ha incrementado, pero ahora los policías tienen que adicionalmente resguardar a la población de posibles contagios. Si aunamos esto a bajas policiacas por contagios y la menor disponibilidad de mp’s y jueces, el nivel de impunidad se va a incrementar.

Con este aumento en la impunidad, acompañado de una segura crisis social, el factor de violencia podría crecer y migrar hacia otros rubros como rapiña y saqueos a tiendas comerciales, así como robo con violencia dentro de los hogares.

Mención especial debe hacerse al fenómeno de violencia familiar, donde la cuarentena está regresando a algunas mujeres al lugar más peligroso: sus hogares. A partir de la pandemia las denuncias por violencia familiar nacionalmente se han incrementado en 20%.

En relación al crimen organizado, por un lado las restricciones que han puesto países como China en sus aduanas ha limitado seriamente la oferta de precursores químicos para elaborar drogas sintéticas, como el fentanilo.

La misma crisis y el cierre de fronteras han disminuido la capacidad de desplazamiento y las economías de los grupos delictivos. Esto pudiera ser la oportunidad de los gobiernos para debilitarlos y disminuirlos. Por otro lado, con apremios económicos y  su amplia capacidad de mutar, seguramente la delincuencia organizada va a confrontar al estado con mayor intensidad. La interrogante sería quién actúa primero.

La pandemia nos va generar grandes cambios económicos y sociales, seguir aplicando la misma política de pacificación de forma general nos va a llevar a una agravación de la violencia.

Nuestras autoridades necesitan arranque, imaginación y audacia para evitarlo.