Otro “round” contra el matrimonio y la familia

Por Manuel Alejandro Flores

¿Deberían los diputados del Congreso de Baja California abrir a consulta si los bajacalifornianos estamos de acuerdo con el “matrimonio igualitario”? ¿No habría sido mejor, de parte de la bancada mayoritaria de Morena, escuchar los argumentos tanto de los representantes de la Comunidad LGBT como de quienes defienden el matrimonio entre un hombre y una mujer? ¿De dónde viene que se piense que ahora esto del “matrimonio igualitario” es un derecho humano?

La ideología de género sigue avanzando en las agendas públicas de cada entidad federativa en México. Esta ideología que postula que el sexo es una cuestión impuesta por la sociedad y no un tema biológico y que la homosexualidad o cualquiera de sus derivados no es un tema de elección o decisión personal determinada por factores psicosociales sino algo con lo que se nace y se descubre en el tránsito de la vida hoy busca atestar su espadazo final a la Constitución Política de Baja California en cuanto a su artículo 7mo que señala que el matrimonio es entre un hombre y una mujer. Algunas personas del mismo sexo que buscan formalizar mediante un contrato civil como lo es la figura del matrimonio impulsan esto, movidos más por la ideología que por que sea un tema de mayorías o sustentado en la ciencia.

Ahora el artífice de este nuevo episodio es Morena, el Movimiento fundado por el presidente de la república que en la persona de los diputados Juan Manuel Molina, Rosina del Villar, Julia González, Eva Gricelda Rodríguez y su aliado del Partido del Trabajo el diputado Julio Vásquez, sacaron de comisión la iniciativa que para cuando este artículo sea publicado probablemente ya habrá sido votada en pleno. Estos diputados, olvidando que representan a toda la población de los distritos electorales por los que fueron electos, prefirieron escuchar sólo a una de las partes, a la de la comunidad LGBT, sin considerar que entre sus votantes y representados seguramente también hay muchos ciudadanos que nos están de acuerdo con los postulados de la ideología de género. Así, dando gala del autoritarismo característico de este grupo en el poder, sacaron el dictamen.

El gobernador Jaime Bonilla tuvo la apertura de recibir a los defensores de la familia y el matrimonio entre hombre y mujer, entre ellos ciudadanos comprometidos del Frente Nacional de la Familia y representantes de iglesias de nuestro Estado. El Gobernador fue claro en abrir el tema en consulta y en que el Congreso del Estado gozaba de plena libertad para hacerlo. Sin embargo, la opacidad prevaleció y ni se abrió a consulta ni se escuchó a nadie que no fuera de la comunidad LGBT, por lo que queda de manifiesto que justificándose en que “los derechos humanos no se consultan” ahora quien quiera imponer un tema podrá usar esa bandera, inventarse derechos de todo tipo y hacerlos ley.

Las leyes son la expresión de la cultura de un pueblo, si bien es cierto, el pueblo de Baja California siempre ha sido incluyente y migrante. Una de sus características fundamentales es la fortaleza de sus familias.

Los activistas de la comunidad LGBT no entienden esto, solo entienden de su ideología impositiva. Claro que se pueden crear figuras alternativas en lo jurídico para proteger el patrimonio de personas del mismo sexo que deciden vivir juntas, pero ¿por qué vamos a llamar a esa unión matrimonio? La forma natural de tener hijos y fundar familias es la unión de un hombre y una mujer, nuestras elecciones pueden alejarnos de esa posibilidad y nuestras emociones nos pueden llevar a evocarlo, no confundamos esto con el sentido de ser familia, con la fuerza de la complementariedad que solo hombres y mujeres tenemos y con el sentimentalismo falso de querer evocar los matrimonios heterosexuales en las relaciones entre personas del mismo sexo.

Fundar una familia no es un juego, concebir hijos tampoco, se necesita de toda la madurez y complementariedad para poder asumir dicha responsabilidad. Ya la primera pareja homosexual se dio cuenta y prefirieron regresar a la bebé que habían adoptado. Una cosa es desearlo, otra vivirlo.