Óscar Chávez: Hasta Siempre

Por Pedro Ochoa Palacio

A Martha de Cea

La muerte de Óscar Chávez es de las más sentidas pérdidas del mundo artístico y cultural mexicano en los últimos tiempos. Fue cantante de música popular y tradicional mexicana, latinoamericana y de protesta. Chávez fue actor, compositor, un artista polifacético, que deja una huella muy profunda en la cultura mexicana.

Chávez, habiendo estudiado teatro en el INBA y en la UNAM, incursionó en el cine, debutando en la muy celebrada cinta Los Caifanes (1967) con guion de Carlos Fuentes y Juan Ibáñez, bajo la dirección de este último, en compañía de Enrique Álvarez Félix, Julissa, Carlos Monsiváis (Santo Clos) y Ernesto Gómez Cruz. Monsiváis más tarde explicaría que Caifán, es una voz fronteriza, “me cae bien”, “me cae fine”; “Caifán”, seguramente introducida a la Ciudad de México por Germán Valdés Tin-Tan. Chávez sumó un total de 15 largometrajes; destaca La Generala con María Félix e Ignacio López Tarso, bajo la dirección de Juan Ibáñez, en la cual interpretó canciones de su autoría como Nunca Jamás y estrenó su mayor éxito: Por ti. Y, de temática fronteriza, Rompe el Alba dirigida por Isaac Artenstein, sobre la vida de locutor mexicano de Los Ángeles, Pedro González; presentada como Avant Premier en el Río Rita en 1988.

Pero el verdadero interés de Óscar fue el rescate y la creación musical, como lo hizo en su primera grabación Herencia Lírica Mexicana (1963). Publicó cuatro discos de esta serie divulgando bellas y olvidadas canciones mexicanas del siglo XIX, como, Román Castillo, La Delgadina, El Charro Ponciano, entre otras.

En 1968 participó con su lírica en el Movimiento Estudiantil, en un inolvidable concierto en Ciudad Universitaria. En Latinoamérica Canta (1970) grabó ¡Hasta Siempre! de Carlos Puebla, canto de proporciones hímnicas en honor a Ernesto “Ché” Guevara y Macondo del peruano Daniel Camino Diez-Canseco sobre Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez. Fue ese su momento artístico estelar, al realizar tres conciertos en el Palacio de Bellas Artes, siendo uno de los primeros artistas populares en pisar el mayor recinto cultural del país. La serie la dedica al depuesto presidente chileno Salvador Allende, al poeta Pablo Neruda y al cantante Víctor Jara.

Escuché a Óscar Chávez por vez primera en un concierto que ofreció en compañía de Chamín Correa en la Arena Tijuana en 1972, a partir de ese momento me convertí en fiel seguidor de su música. Sabía de Chávez por Los Agachados de Eduardo del Río Rius, quien lo recomendaba ampliamente. Luego lo vi en compañía de mi amigo Amador Rodríguez Lozano en el Café Colón, en la Ciudad de México, Chávez se sentó con nosotros, fue excesivamente amable, nos platicó de María Conesa, La Gatita Blanca. Años más tarde, después de una presentación en Tijuana cenamos en casa, el tema fue el ingenioso Cuento de Navidad de Emilio Carballido que Óscar musicalizó con las actuaciones de Claudio Obregón y Héctor Bonilla. Mi hermano Federico le declamaba parlamentos completos de la obra, lo que provocaba la hilaridad de Óscar. Nos seguimos viendo, Óscar siempre estaba lleno de ideas y proyectos.

En 2011, cuando se anunció que se le otorgaría el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en el área de Artes y Tradiciones Populares, me encontraba casualmente en la Ciudad de México, le hablé y le pregunté si podía ir a felicitarlo, me dijo: “Sí, aquí estoy en mi oficina”, por las peripecias de tráfico de la Ciudad llegué un poco retrasado y me dijo: “Te voy a decir como decía mi mamá: estás bueno para encargarte la muerte” y soltó una carcajada.

La obra y la personalidad de Óscar Chávez confluyen en una sola palabra: autenticidad. En su canto, en su forma de ser, en su voz.