Omitir la explicación

Por Ana Celia Pérez Jiménez

No siempre somos la misma versión. Vamos cambiando, no estoy tan segura que por segundo, sería bastante drástico afirmarlo, pero bueno tal vez a nivel celular así ocurre.

Pero lo único que es seguro es eso, el cambio, vamos cambiando en una continua pausa como un filme elaborado. Me ha pasado que me reencuentro con personas con las que yo fui otra, conocen una versión vieja y expirada de mí. ¿Cómo explicarles eso?, ¿y tendría por qué?

Sé de antemano que es algo cansado eso de andar por el mundo explicando y justificando; que piensen lo que quieran, de todas formas lo hacemos. Una cosa que sí he estado practicando es eso y lo admito, admitir toda mi culpa, sin excusas, sin justificación, la culpa así derecha como el tequila, las consecuencias solo mías, pocas veces salpico para fuera.

Todos vamos rotando en distintos ciclos, distintos días, amaneceres, realidades, palabras y no somos quienes para interferir, querer acortar o alargar destinos. Somos lo que nos toca y lo que notamos y atendemos. No todos pensaran igual y es válido, es válido el adiós, es válida la retirada y también el quedarse. Cada quien encuentra en su vida eso que vinieron aprender sea eso malo o sea un don, todo con su razón de ser y los ciclos que a su alma le resten.

Todos andamos en tiempos diferentes, con madurez distinta sin importar la edad del cuerpo. He visto como adultos discuten como niños y he visto como jóvenes contemplan en paz y coherencia. La edad no es garantía de nada, pero sí las vivencias, sí la curiosidad y lo que en el alma se impregna. Ese color que corre por nuestras venas, es como vino de distintas regiones, cavas y uvas: no se puede comparar una con otra y sin embargo embriagan.

Me gusta ver lo diferente, me gusta sentirme diferente, quiere decir que estoy viviendo, que practico el error a diario. Cambiando y andando, no por elección pienso, sino por eterna consecuencia del momento, de los elementos presentes, del programa escrito y el elenco que se presenta a función esa noche.

Nos transforma el respirar, el absorber de palabras, el digerir los sentimientos, los humanos que nos acompañan y su mera presencia. Somos el resultado de todo lo que hemos conocido y desconocido hasta este mismo instante, mañana es otra vuelta, otro pie de página, un final no avisado, un arranque de hoja.