Ocho apellidos vascos

Por Recomendador

Hay quien sostiene yo creo que, con mucha razón, que el género de la comedia es el más difícil de lograr. En el cine crear un guion y luego conseguir con todos los elementos: dirección, actuación, locaciones, sonidos, pausas, etc., que se logre mantener la comicidad que atrae sonrisas o carcajadas, no es nada fácil. En el teatro, las buenas comedias son mucho menos numerosas que los buenos dramas o las tragedias. Lo mismo sucede con la novela que hace reír. Una de las razones porque esto es así. es que el idioma va evolucionando y las costumbres también, de modo que lo que hoy hace reír, más tarde puede parecer uno de esos chistes alemanes que en español nunca logran ni la risa y, a veces, ni siquiera la sonrisa.

Daré un segundo motivo por el que una buena comedia es un ave rara: porque requiere del buen gusto para no caer en la vulgaridad. Una buena comedia nunca puede estar formada con los pastelazos de los payasos, ni con las leperadas de los léperos. Cuando la vulgaridad predomina se acaba el humor que siempre es respetuoso y las carcajadas responden, ya no a una inteligente sutileza, sino a la majadería imperante en el autor y en el oyente.

Me dirá usted que en gustos se rompen géneros. Pero, aunque parezca tener razón porque quizá hay mayorías que se niegan a criticar su propio mal gusto, la cosa nunca es tan subjetiva que no admita el dato objetivo del fino psicólogo y de mejor sociólogo que siempre ha de estar detrás del buen comediante que trabaja con diálogos, palabras y acciones que conducen a la belleza y a la bondad de la vida y no al bochorno del pastelazo y ni del insulto lépero. Insisto, el humor verdadero, para ser lo que es, necesita ser respetuoso de la dignidad humana.

En otras palabras, una verdadera comedia eleva al Hombre, no lo degrada. Implica esa sutil materia que se llama buen gusto y talento literario. Como en lo sublime podemos resbalar hacia lo cursi. en materia de risa nos podemos quedar con la carcajada de una pulquería llena de borrachos.

Las empresas dominantes de la televisión se especializan en la imbecilidad y el mal gusto, todo por el dinero fácil. Han sido llamadas, con razón, la Secretarías de deseducación del pueblo, ante la indiferencia de las autoridades que, con el pretexto de no violar la “libertad” de expresión, se abstienen de procurar que se eleve la cultural a que tiene derecho el pueblo.

La película que da nombre a esta columna es un paradigma español del lado vasco y del lado andaluz de la vulgaridad. Nos presenta a un par de enamorados que aman con tanta mentira, que son capaces de mentirse a sí mismos y a los demás. Su lenguaje (¡Hostia!), es tan plano y tan vulgar que la carcajada, no puede sostenerse. Seguramente, los buenos vascos y los buenos sevillanos rechazarán ser como los pinta esta comedia. Si el amor eleva y los diálogos inteligentes cautivan, en esta comedia, decepcionan.

 

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