Nueva gobernadora, nueva esperanza

Por Juan Manuel Hernández Niebla

“Un gobierno es como una buena digestión, mientras funciona, casi no lo percibimos”

Erskine Caldwell

Terminando un periodo de transición de dos años, BC está por estrenar el segundo gobernador (gobernadora) emanada de la izquierda.

Si bien entendemos que en un gobierno de izquierda la prioridad deben ser las clases más humildes, debe haber igualmente apoyo a las clases productivas que son los que pagan los impuestos destinados a los programas sociales, apostándole al mismo tiempo a educar y consecuentemente convertir a esas clases más humildes en clase media a través de la educación y el progreso.

Haciendo un corte de los acontecido en el bienio por concluir, desafortunadamente es poco lo rescatable.

En lo político, el gobierno saliente se caracterizó más por la confrontación que la negociación, generando todo tipo de controversias constituciones donde desafortunadamente en algunas instancias el gobierno entrante tendrá que responder.

El crecimiento económico de igual manera fue limitado, donde ciertamente la pandemia fue la principal responsable, pero donde las políticas gubernamentales no ayudaron a revertir tendencias. El Estado tuvo un incremento en su nivel de deuda sin un claro entendimiento del destino de los recursos invertidos, sin nueva infraestructura, y con una baja en la calificación de la calidad de su deuda.

En seguridad hubo retroceso. El tema no fue prioridad para el gobernador delegándola a la Fiscalía que la manejó más con agenda política que de verdadero combate a la impunidad. Igual que hace dos años, BC sigue en los primeros lugares de violencia nacionalmente.

En educación igualmente retrocedimos. Si bien la pandemia igualmente es la responsable no existió una agenda gubernamental en esta materia. Entendiendo que la educación es el mejor programa de prevención del delito que puede existir, donde con una población semi-educada BC tiene un futuro turbio.

En el sector social, aparte del crecimiento sufrido en el nivel de pobreza extrema, el sector salud muestra una crisis en atención hospitalaria y medicamentos.

Igualmente, nada se hizo en materia de medición y contención de las adicciones, provocado principalmente por el debilitamiento del tejido social que ubica a nuestro estado en los primeros lugares en homicidios y violencia familiar.

Con este contexto general, llega la nueva gobernadora, donde primeramente deberá priorizar la atención que deberá brindar a cada uno de estos temas.

Si bien ella ha demostrado sensibilidad y voluntad política para solucionar los problemas, la inmediatez de los mismos y su impacto en los resultados diarios, aunado a los presupuestos necesarios y la deuda heredada, comprometerán seriamente el nivel de atención y los recursos que deberá aplicar a cada uno de ellos.

Por primera vez en muchos años, pareciera ser que la conformación del gabinete y las áreas responsables no fueron premios políticos, donde los nombramientos son de personas con preparación, amplia experiencia en sus áreas respectivas, y enfocadas mas al beneficio ciudadano que a intereses políticos y económicos.

Finalmente, el apoyo de le federación va a ser fundamental para recobrar la maniobrabilidad y el control de estado, asegurándose la gobernadora mantiene la autonomía que el puesto le infiere para tomar las mejores decisiones para el beneficio común.

Baja California necesita urgentemente una gobernadora que enfrente los problemas y genera soluciones, acompañada del apoyo y le exigencia de toda la ciudadanía para que esto suceda.