Notas al margen: El Capricho de Karol

Después de casi cuarenta minutos de subir y subir manejando hacia la montaña por un camino de terracería muy accidentado debido a las lluvias recientes, nos detuvimos en  un valle a observar la belleza del paisaje: por un lado los verdes y por el otro, azules del mar y el cielo. Así es, verde-azul y nosotros irrumpiendo la armonía de la naturaleza, en busca de las historias que Alberto Ortiz cuenta en su novela El Capricho de Karol. La cruz de madera negra de un rosario que colgaba del espejo retrovisor del pick up azul, iba y venía en un bamboleo ante mis ojos por lo ajetreado del camino, esta imagen nos acompañaría todo el camino y de alguna manera,  nos abría paso, a modo de protección, por si acaso alguna de las historias que el autor narra en su libro fueran ciertas.

La eterna lucha entre el bien y el mal, ángeles y demonios, puentes encantados, árboles que son guarida de zopilotes y una mujer misteriosa que vivía en una choza en medio de los sembradíos de avena, son algunas escenas que nos presenta Ortiz, quien según sus propias palabras, el año pasado se coronó a mismo con la publicación de esta novela. En efecto, el autor pertenece a ese círculo poco acreditado en el gremio literario, por no ser escritor de oficio y sin embargo, en este caso, la obra tiene otros méritos al presentarnos una historia desbordada por imágenes fantásticas, la recreación de atmosferas llenas de misterio y escenarios envolventes.

La odisea inicia con la visita de unos muchachos a la Hacienda, quienes a punta de borrachera retan a Alberto para que vaya en busca de Ella, la mujer que habita en la cabaña, cuya belleza resulta ser casi obscena al provocar que tanto criaturas celestiales, como seres de la oscuridad, busquen poseerla. Aunque suelen ser detestables las etiquetas y clasificaciones, podríamos decir que el texto de Alberto, se acerca mucho a relatos de aventuras de terror y lo emocionante (o alarmante) es llegar a la Hacienda y encontrar que los espacios donde se desarrolla la acción, son totalmente reales.

De manera que cruzando el portón de madera y herrería, custodiado por una enorme escultura de San Miguel Arcángel levantando su lanza contra una serpiente, ahí estaba todo: el paisaje impresionante, el viento helado, la habitación con la cama colgante donde se relatan historias de extrema pasión,  un cofre que no se puede abrir, la choza de Ella, el arroyo, el puente… el pozo de agua. El Capricho de Karlol, es una novela de claro-oscuros donde es difícil encontrar la línea entre realidad y ficción. Al terminar de leer, pensé que ante la arrogancia de escritores con rigor pero poca imaginación, tenía ante , a un autor delirante que entra a escena con determinación, puesto que ya está en el proceso de escribir su segunda novela. Al final del día, de regreso rumbo a la carretera, dejé atrás las historias fascinantes, regresé a la otra realidad, el camino se hizo más corto y la luna llena, esplendida, cerró el capítulo de un domingo diferente.