Notas al margen: El canal del Río huele mal

Huele mal. Enmedio del canal del Rio Tijuana, corre el agua verdosa, sucia, son aguas contaminadas que arrastran escurrimientos de aguas negras y residuos industriales.

 De esta agua beben los perros callejeros sedientos, mientras alguna gaviota urbana, rescata trozos de pescado. También en estas mismas aguas, se “asean” cientos de hombres y mujeres, la mayoría deportados, que han hecho del canal su refugio. En este espacio han construido sus vecindades de “ñongos”, sobreviven en una especie de limbo, están varados, sin opciones, sin documentos. Algunos organismos de la sociedad civil les acercan comida, otros jeringas y condones para no propagar enfermedades. Están ahí, son seres invisibles, parias, rechazados, extranjeros en su tierra, ignorados por el resto de la sociedad que promueve con afán a la otra Tijuana, la moderna, la innovadora.

Los ñongos son excavaciones realizadas en pequeños cerros de tierra y arena que se acumula en el canal, adentro las apuntalan con materiales de desecho, maderas viejas, palos, lo que se pueda, y ahí, como topos, viven y conviven. Pero ni ellos escapan de pagar “una renta”, no sabemos a quién, pero a veces, las pobres casuchas amanecen quemadas, por eso ahora viven en subterráneo, con las entradas cubiertas de ramas y basura para tratar de pasar desapercibidos. Sin embargo, quienes parecen cómodos con esta situación son las autoridades que no dan solución a este problema social. El antropólogo Víctor Clark Alfaro, ha declarado a la prensa que esta es una zona de emergencia humanitaria y nada sucede. Parece incluso conveniente que estos seres estén confinados en una zona específica, “bajo control” para que no ensucien la imagen de la ciudad.

Cómo me hubiera gustado saber que alguno de los candidatos, en su campaña hubiera recorrido esta zona para ofrecer una esperanza a la gente que habita éstas vecindades que crecen cada día y también, aunque nos duela, son parte de Tijuana.

Algunos dicen que son trescientos ñongos, en un documental, un policía se refirió a cerca de tres mil personas que ya han creado en el canal de Río Tijuana, todo un sistema comunitario. Es urgente que escuchemos de iniciativas por parte de las autoridades, no para destruirles sus cuevas, porque no les podemos llamar casas, sino para ofrecer una posible solución integral para atender este foco rojo y deje de ser una zona de tolerancia. Se requiere escuchar de parte de autoridades de los sectores de salud, migración, seguridad, desarrollo social, etc. hagan su trabajo, implementen programas de atención a estos grupos.

Mi aportación será esta, hacer le llamado de atención y hacerlos visibles, darles voz, rescatar su humanidad y aprender lecciones de vida de personajes que ahí viven como Ángela, una gringa que   por azares del destino aquí pasa los días, esperando encontrar el medio para reunirse con sus hijos. Ángela, quien después de contarnos parte de su vida, cierra la conversación diciendo que se siente bendecida de tener vida, para continuar buscando, mientras se lava las manos y se refresca del calor, en las aguas verdosas del canal.