Notas al margen: El arte de vivir del ate (II)

Por Guadalupe Rivemar Valle

giralunas5@hotmail.com

"Los artistas que prosperan deben tener el corazón en el arte y los pies en la tierra”, así empieza este manual: El arte de vivir del arte, recomendable para las escuelas de arte, y todo aquel que pretenda dedicarse profesionalmente al quehacer artístico. Aquí, el artista visual, neólogo y activista Felipe Ehrenberg escribe sobre la necesidad de que el artista no solamente sea un creador, sino adquiera y desarrolle la capacidad de generar recursos de su propia producción, sin tener que acudir a otros empleos de medio o tiempo completo que lo orillen a relegar su verdadera vocación a carácter de hobby, o actividad secundaria. Un artista a medias, difícilmente va a trascender, no es posible vender cacahuates de día, pintar en la noche y descubrir al día siguiente que lo que creíamos era azul turquesa, resultó ser verde congo. El tema entonces, no es nuevo como podríamos pensar ya que el autor, impartió talleres para presentar su valiosa guía, en Tijuana, hace más de veinte años, en 1990. 

De manera que los artistas, no solo necesitan dominar su técnica, sino que deben estar preparados para salir a abrir un mercado y competir en él, (porque si existe un mercado para el arte), para esto hay que cumplir con una serie de destrezas adicionales y una de ellas es la de saber verbalizar, saber decir y explicar cuál es la importancia de nuestro trabajo para el individuo, para las empresas y para la sociedad. Aún nos enfrentamos a respuestas como “la cultura no vende” o “primero hay que resolver otras prioridades” sin considerar que lo que ofrece el arte puede ser un paliativo que hará menos hostil o menos árido el terreno que ya estamos pisando. La sensibilidad hacia la música, la pintura, la danza o el teatro, no tienen que ver con ser rico o pobre. A veces es menos proclive al arte aquel que más recursos económicos tiene, de manera que debemos saber argumentar a favor de esta necesidad de incorporar al arte en nuestra vida diaria.

Pero el artista no solo tiene que saber explicar el valor de lo que hace, nos dice la introducción del manual, que también debe considerar lidiar (cumplir) con el fisco y entender las bases de la aritmética ya que dos más dos, no suman cinco; después del romance con las musas, hay que saber elaborar un currículum y resolver el asunto de los derechos de autoría; presentar propuestas que incluyan una proyección económicas realista; administrar nuestra agenda porque a veces no entendemos que el día solo tiene 24 horas y entre otros menesteres, hay que apartar tiempo para comer e ir al baño. Por último, considerar que vivimos en una sociedad donde hay que enfrentarse con proveedores, intermediarios, curadores, críticos y pseudocríticos, funcionarios de todo tipo, colegas y hasta con banqueros.

El artista debe darle valor a su producto. Poner un costo a lo que hacemos, no demerita su autenticidad, al contrario, la dignifica. Aquí apenas delineamos unas ideas, el libro El arte de vivir del arte, de Ehrenberg, pionero en el tema, está más vigente que nunca.

*La autora es promotora cultural.