Notas al margen: El arte de vivir del arte (I)

Por Guadalupe Rivemar Valle

giralunas5@hotmail.com

Isabel es una estudiante de la licenciatura de Teatro de la UABC y acaba de regresar de San Luis Potosi. Asistió, luciendo su esbelta figura, su melena rojiza y ese rostro alargado como en una obra de Modigliani, a un retiro que se realizó en Real de Catorce, con el tema de Autogestión y desarrollo cultural, en la modalidad de talleres o workshops. Así que cargando con el bagaje que le ha dado la escuela, donde vive un intenso proceso de Técnica Barba que implica un tremendo esfuerzo emocional y corporal, y en su mente dan vueltas autores de las vanguardias teatrales, como Artaud, por mencionar alguno; Isabel viajó para tomar este curso, al que asistieron alrededor de 30 artistas y promotores de distintas ciudades, para aprender a crear un producto que le permita dignamente, vivir del arte

Sabemos que se han puesto de moda toda suerte de cursos, talleres y seminarios para promover la profesionalización de artistas y promotores culturales. La idea es entrar a los esquemas tradicionales del sector productivo, motivando a los creadores, a cultivar una mentalidad de empresarios culturales. Incubadoras de negocios, gestión de recursos, plan de negocios, y marketing son conceptos que están en boca de los artistas, cuando antes solo tenían que preocuparse de hacer “arte por el arte”, y su proyectos quedaban a merced del subsidio gubernamental o el mecenazgo privado, con los riesgos que estas alianzas implican..

Aquí mismo, hemos dado cuenta del Diplomado para Emprendedores Culturales que se impartió en Oaxaca y de manera simultánea, con algunas variantes, se impartía también en el Instituto de Cultura de Morelia, y otro más, en la UAM Xochimilco, a iniciativa del maestro Eduardo Cruz. Este esquema, tiene por supuesto sus detractores, artistas que ven la comercialización del arte como un pecado, que hace indigna la creación supeditada a las leyes de la oferta y la demanda, o a los resultados de un estudio de mercado. Conozco a promotores que incluso piensan que aplicar esta fórmula, tiende a quitarle la responsabilidad al Estado de hacer llegar la cultura a todos los rincones del país, apegados a la mística Vasconcelista, que a mi modo de ver no nos vendrá mal retomar. Sin embargo, la profesionalización es indispensable y esta necesidad, empujada por expertos en economía cultural como Ernesto Piedras, el mismo Cruz y en el caso de Real de Catorce, por la chilena Marisol Torres, me remite a un nombre indispensable en estos menesteres. Hace varias décadas nuestro querido amigo, neólogo, artista y activista cultural, Felipe Ehrenberg, hombre que abrió paso al arte conceptual en nuestro país y a quien considero pionero también en este tema, publicó un libro que debería ser texto obligatorio en estos cursos, me refiero a su obra El arte de vivir del arte, un manual que enriquece la experiencia creadora, con una serie de acciones orientadas a producir, “con el corazón en la mano y los pies en la tierra”. En honor a esta generación de jóvenes que Isabel representa, considero pertinente acercar en la próxima columna, algunas apreciaciones del artista-autor mexicano, actualmente radicado en Sao Paulo, Brasil.

*La autora es promotora cultural.