Notas al margen: Arte, recuerdo y muerte en el Maclovio Rojas

Sucede por allá, en los rumbos de la alejada comunidad del Maclovio Rojas, rumbo a Tecate, en uno de los predios donde Santiago Meza “El Pozolero” se encargaba de desintegrar en ácido, a cientos de cuerpos por encargo de un narcotraficante conocido como “El Teo”.  

Las fosas donde yacen los restos de más de 300 personas, se han sellado con unas enormes mándalas de mosaico y espejos realizadas con ayuda de los residentes del propio Maclovio Rojas, como parte de un proyecto para sanar este espacio de muerte.

Las paredes de ladrillo que limitan el espacio también cambian su fisonomía de abandono; en ellas de pronto van apareciendo flores blancas, aves y otras figuras de colores intensos y brillantes. Son los murales que han ido pintando una docena de niños y jóvenes de la colonia, para dar un nuevo significado al tétrico espacio conocido como “Las Galleras”. Los chicos son dirigidos por Alfredo “Libre” Gutiérrez, artista y arquitecto quien fue invitado a participar en este proyecto junto con otros artistas, por el Instituto de Investigaciones Culturales de la UABC y la Asociación RECO.

Después de una semana de intervenir y transformar este espacio, el sábado a las 12 del día se realizó una ceremonia donde asistieron alrededor de cincuenta personas, familiares de desaparecidos.

Días antes las madres, abuelas, esposas o hermanas de las víctimas, bordaron sobre tela blanca, los nombres de aquellos que un día salieron de su casa y no regresaron nunca más; en los lienzos se incluye la fecha de la última vez que los vieron, incluso algunos narran la forma en que los sacaron de sus propios hogares. Al centro de las mándalas donde abajo yacen más de mil litros de materia orgánica, sobre un círculo de espejos que refleja el cielo, se han encendido varias veladoras y los familiares han formado otro enorme circulo alrededor, en un gesto espontáneo se han tomado de las manos; sollozan; con las cabezas bajas, rezan y se abre un silencio pesado interrumpido apenas por el click de alguna cámara registrando el evento.

La madre de Fabián habla de ese silencio, de ese vacío: “salió mi hijo de la casa y no volvió nunca, nunca más, parece que se lo trago la tierra, desde entonces solo vivo este gran silencio, nadie sabe nada. Pegué su fotografía en muchas partes, aquí y las ciudades cercanas, me decían que no pusiera mi teléfono porque me llamarían para molestarme, pero ni eso, ni una sola llamada de nadie recibí, solo esto, el silencio”. Sobre la tierra seca, se han colocado muchas lonas con fotos de los desaparecidos, con sus nombres y fecha en que se les vio por última vez: Quirino, Juan, Víctor, Alejandro, Lidia… la lista es larga.

El predio, antes de ser intervenido por artistas, había sido tomado como picadero. Al terminar el evento, un montón de niños rodean a “Libre” Gutiérrez, haciéndole preguntas, le escucho responder: “no, no es tan difícil ser arquitecto, sigan estudiando, si fuera difícil, no hubiera tantos arquitectos”. Yo me quedé pensando si eso sería posible para estos niños y me fui, en silencio.