Notas al margen: Al fin, caras felices en el CECUT

Por lo pronto todo son aplausos y caras felices. Es raro, muy raro que la comunidad cultural esté de acuerdo en algo, en este caso, con la designación del nuevo director del Centro Cultural Tijuana, responsabilidad que recae, como ya sabemos, en la persona de Pedro Ochoa Palacio. Para dar posesión a Ochoa en su nuevo cargo, estuvo en Tijuana (su segundo evento público en la ciudad) el titular de Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa quien fue recibido en su arribo al CECUT, también en medio de un jolgorio, como no se había visto en mucho tiempo entre el gremio artístico.

Yo también, al igual que muchos de los que asistieron al acto, creo que con el maestro Pedro Ochoa al frente de la institución, se esperan buenos tiempos para la vida cultural en Tijuana; es una persona que se ha mantenido vigente entre artistas y promotores, a través de acciones que realizado durante la última década como Agregado Cultural de México en la vecina ciudad de San Diego, donde se le reconoce como un autentico promotor de la cultura nacional, y como un enlace que abrió espacios interesantes para los creadores de Tijuana, como el Art Walk. A diferencia de otros funcionarios fugaces, que llegan a cumplir con sus periodos y luego desaparecen de la escena, haciendo mutis tras bambalinas, Ochoa a lo largo de las décadas, ha demostrado ser un amigo constante y fiel de la cultura. Es exigente y es discreto. Es sensible a las artes. Su perspectiva es muy amplia: en términos coloquiales, diríamos que tiene el integrado el chip fronterizo, esta visión tan necesaria para sostener el intercambio entre el norte y el sur que a veces se interrumpe de manera inexplicable. Además, su arribo no es forzado, recordemos que ya desde antes que se designará al maestro Virgilio Muñoz como director del CECUT, se le mencionaba como un prospecto viable. Entonces, su llegada se da de manera natural y no está por demás decirlo, justo en el momento en el que la institución requiere con urgencia un giro importante.

Lo que despertó simpatía entre los creadores y gestores culturales con la designación de Ochoa hay que decirlo de manera clara y directa: es la posibilidad de recuperar un dialogo, una apertura, una cercanía que se perdió en la gestión anterior. No se trata de satanizar la gestión de Muñoz, pero en su tarea de rehabilitar las instalaciones de la institución, olvidó reforzar un puente estratégico, aquel que lo une y lo acerca con la comunidad cultural. Por lo pronto, Pedro Ochoa abre con una excelente estrategia, al tomar de posesión de su cargo, en un acto abierto y de frente a la comunidad, donde además, ejemplarmente, dio un esbozo de lo que serán sus ejes de acción, sus prioridades. Dos frases interesantes nos dejo en su primer discurso: “No vengo a repetir sin a renovar” y “Más arte mexicano para Tijuana, y más arte tijuanense para el mundo”, así que por lo pronto, aplausos y caras felices.