Notas al margen: Ahí va el Diablo

La ciudad se electriza con el arranque simultáneo de dos importantes festivales culturales: Interzona y Entijuanarte.  

Más de cien eventos  inundan tanto las calles, como las instituciones  y espacios alternativos, en un calendario apretadísimo que incluye exposiciones de artes visuales, conferencias, talleres, conciertos, teatro y cine. En estos días también se realizó el Tour de Cine Francés  y el  XVII Encuentro de Teatro Tijuana.

Pero nada más electrizante para mí que la proyección dentro de Interzona, en la  Sala Carlos Monsiváis de la Cineteca,  de la película “Ahí va el Diablo”, del argentino  Adrián García Bogliano que  fue filmada en Tijuana con talento local y sin embargo no había sido posible verla en nuestra ciudad. 

Ya habíamos comentado algunos detalles del filme y uno tiende a crear expectativas cuando llegan noticias de que la película por ejemplo, arrasó con siete premios en el Fantastic Film Fest, o que en el Festival  Internacional de  Cine Fantástico y Ficción Mórbido se llevó los premios más importantes al ser galardonada con la Calaveras de Oro y Sangre. 

La historia original de Bogliano quien ya acumula una filmografía de diez películas, relata como el diablo entra en la vida de una familia  común, cuando los hijos consiguen permiso en un paseo,  para adentrarse en terreno agreste y desaparecen toda la noche para ser  encontrados por la policía al día siguiente, aparentemente a salvo. Pero la película es más que una anécdota: es el reto de presentar temas que aun en estos tiempos se consideran tabú como la homosexualidad  (la película abre con una escena donde dos chicas  sostienen relaciones  sexuales, o  el incesto, como una sospecha latente entre la pareja de hermanos que regresan “distintos” de su aventura. 

Hay sangre, mucha. Un asesino serial, detonante de lo demoniaco y el crimen de un hombre que sirve para expiar las culpas de Sol (Laura Caro) y Félix (Francisco Barreiro), los padres de estos dos niños.  Algunos excesos de sangre me recordaron películas como “Alucarda, la hija de las tinieblas”  de Juan López Moctezuma y elementos como el paisaje árido, rocoso sumado a las secuencias urbanas que presentan a la ciudad como telón de fondo, me remitieron a una narrativa estética explorada en la década de los años setenta. 

La película se estrena en salas comerciales de Estados Unidos el mes de  diciembre, para beneplácito de los seguidores del cine mórbido, puesto que  fue adquirida por una distribuidora en el Reino Unido, aunque en nuestro país, por lo pronto será vista solamente en proyecciones especiales y festivales,  pues según ha comentado  el director, las distribuidoras no le quieren apostar a las producciones con talento de provincia.

Ya sabemos, el que las películas de provincia, arrasen con premios en Estados Unidos y Europa,  no  significa que esto  les abra las puertas a la distribución en nuestro país.

 Por lo pronto, salimos pensando que más vale reconocer que el mal existe, se viste de muchas maneras, y no solamente  está más cerca de lo deseable,  incluso, podría  estar dentro de nosotros mismos. Cuidado que ahí va el diablo.