Notas al margen: Agua de la Presa

Por Guadalupe Rivemar Valle

giralunas5@hotmail.com

La primera vez que leí El Agua de la Presa hace casi 30 años, la novela de Tomás Perrín aún “no tenía camisa”, así me dijo su autor, cuando me entregó uno de los primeros ejemplares que iban saliendo apenas de la imprenta, y aún no le colocaban la portada. Por mi parte, le entregaba el primer ejemplar de la revista cultural Enlace, que en ese tiempo editaba quien esto escribe. En realidad llevaba meses buscando a Perrín con el único interés de que comprara espacio de la revista para alguno de sus clientes, ya que en cada puerta que tocaba para presentar mi proyecto, me remitían a la agencia Tips Marketing que les llevaba la publicidad. Nunca me compró ningún espacio, pero intercambiamos nuestras publicaciones. 

Leer El Agua de la Presa me causó gran impacto. Era una declaración de amor a Tijuana, es decir que el autor se refería a la ciudad como a una mujer de la cual se enamora. Con candentes y eróticas frases, la hace suya, esta aproximación tan carnal, me emocionó y así lo transmití en la primera reseña que publiqué entonces en la prensa. Adivinaba también que el personaje central de la novela, era el mismo Tomas Perrín: chilango y alburero pero culto; me encontré con un escritor rebelde, buen conversador y mejor poeta (poetas habrá muchos, pero éste es realmente bueno) La combinación entonces, me pareció perfecta y terminé enamorándome del personaje de la novela: el Tío David, y también del escritor. Quiero pensar que él también me vio con simpatía, y se enamoró, pues 30 años después de escribir esta novela, en la reciente reedición que fue presentada en El Lugar del Nopal, nuestros maravillosos hijos: Bárbara y Tomás, estuvieron acompañándole.

La presentación fue estupenda, estuvo a cargo del periodista y escritor Daniel Salinas quien se desbordó en elogios por una obra que refleja toda una época en nuestra ciudad, retratando sus escenarios, sus comercios y ante todo el espíritu de lucha de sus tijuanenses, por nacimiento o por adopción. También participó un maestro del periodismo, Don Oscar Genel, quien evocó a la ciudad de antaño para explicar a la ciudad de ahora. La novela, sigue vigente y nos recuerda en efecto que “quien llega a Tijuana y bebe agua de la presa, ya no regresa” y el autor enfatiza que “uno no es de donde nace, sino del lugar que elige para morir” o como recientemente escuchamos en la película Hecho en México: “El ave no es del nido en el que nace, sino del cielo en el que vuela”. En la presentación hubo desfile de talentos: Voces de Lorena Villaseñor, Gabriela Bojorquez, Azzul Monraz y el piano de Sabino Villalobos; personificando al Tío David y su chobino: Gilberto Corrales y Gonzalo García, del grupo de Teatro en el Incendio. Como anfitriones, siempre amables y cálidos: Adelaida de Real y Pastor.

Felicidades a la Tijuana que respira en estas páginas, y que seguramente aún se sonroja cuando le declaran su amor. Felicidades a Tomas Perrín quien vuela y extiende sus alas, en todo lo ancho por los cielos de esta ciudad.

*La autora es promotora cultural.