Noche de jereces en El Tonelero

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Esta semana, y recordando las festividades de la Sherry Week internacional que acaban de pasar, les quiero narrar un día maravilloso en Cancún.

Como Adriana en esta ocasión no me acompañó, inicié mí recorrido sibarita con una visita a la casa del habano de esa ciudad, que se encuentra un poco delante de la isla y de las oficinas corporativas de La Europea. El lugar en cuestión invita a sus comensales a pasarla bien de la mano de un buen habano cubano, de los cuales tienen ejemplares de todas las marcas y estilos, desde pequeños y suaves, hasta largos e intensos.

Escoger no fue tarea fácil con la gran cantidad de opciones que tenía ante mis ojos; pero ese día decidí sólo disfrutar y escogí un H. Uppmann, un habano llamado Magnum 46 que me produjo dos horas de placer extremo de la mano de un par de copas de un buen ron cubano añejo, con vista al mar. Cabe señalar que el lugar cuenta con todas las facilidades para lograr ese propósito.

Una vez terminada la sesión, me dirigí a conocer un nuevo centro comercial llamado Puerto Cancún que haría palidecer a cualquier plaza comercial de San Diego o Los Ángeles con las tiendas tan distinguidas que tiene; además cuenta con la opción de llegada por automóvil, o sí es el caso, en yate privado pues tiene su propia Marina. Ahí disfrute el atardecer y alguna delicia como postre.

Pero la cereza del pastel llegó después como a las nueve de la noche  que me trasladé al restaurante El Tonelero, que no se encuentra en la zona hotelera, y que nada tiene que envidiarle a su competencia. Sin duda, el mejor restaurante de comida española en la ciudad y probablemente en el sureste y donde mi amiga Alejandra Álvarez es la sommelier del lugar y que ya me esperaba, con su siempre contagiosa sonrisa. El día anterior había sido mi cómplice en una cata de vinos españoles muy interesantes; pero hoy quedaba la promesa de abrir sus mejores jereces.

Su carta de vinos de España es amplia e interesante, con botellas clásicas, pero con algunos productos que solo encontrarás en la Madre Patria. Para iniciar la tertulia en este restaurante siempre te reciben con un rebujito, que es un cóctel típico del sur de España a base de Seven-Up y un jerez fino.

Como la temperatura de Cancún estaba que ardía, pedí un gazpacho andaluz que acompañé con un buen fino de Valdespino para hacerle frente a la acidez del vinagre y el tomate fresco. El plato principal por fin arribó, un rabo de toro, un platillo típico español, platillo intenso que debe tomarse con vino sí o sí por toda la grasa de sus componentes.

Los jereces escogidos para su acompañamiento fueron un amontillado Tío Diego y como complemento un Palo Cortado Marqués de Rodil. Sin duda, el Palo Cortado fue la estrella de la noche, por mucho.

Al final no podíamos perdernos el helado de turrón junto con una copa de Pedro Ximénez de Emilio Hidalgo. Para cerrar la noche Alejandra me tenía una sorpresa al subir a un pequeño privado en la parte superior del edificio donde tenía disponibles todos los jereces de la casa de los cuales podía probar el que quisiera, gesto que agradezco grandemente.

Alejandra, sabes que fuiste una parte muy importante en mi viaje y tu calidez no la olvidaré. Ojalá pronto nos podamos reunir de nuevo para compartir contigo el pan y la sal.

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