No todos tomamos el café igual 

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Es decir, no todos queremos las mismas cosas, algunos ni siquiera quieren, otros sienten ya tenerlo todo. El mundo no amanece con las mismas ganas, motivos, forma o del mismo lado de la cama y para ser más exacto ni a la misma hora. Todos somos diferentes, tenemos ideales y otros nada y pasa exactamente eso último. Y me es molesto cada vez que leo, respiro, absorbo, adivino y siento ese repelente a lo distinto, esa separación necesaria donde un lado queda más favorecido que el otro y esa demanda por una uniformidad entre nosotros y los ajenos.

No sé si sea ya por miedo, ese miedo que mucho se menciona y estudia, honestamente a veces pienso que es por pereza, pereza del pensamiento del raciocinio, les da fatiga llegar más lejos que los pensamientos heredados y toman conceptos pasados y no sólo pasados también erróneos y los quieren implementar en una sociedad en desarrollo y nueva.

No comprendo, no comprendo a esas personas que no cuestionan nada ni siquiera los propios motivos, los respeto algo, pero no los entiendo, quizá porque yo vengo del mundo de la pregunta y añoro, busco y quiero la respuesta por más confrontante que esta sea. Soy amante de la duda, de esa que es como una semilla y la veo crecer y creo que ella a mí también. Hay tanto por descubrir en uno mismo que no podemos seguir encajando en un mundo cuadrado mientras le damos vueltas a los mismos antiguos males.

La vida es la titular que nos enseña todos los días de todas las formas existentes, está en uno entender, interpretar y querer saber. Hay tanto odio, prejuicios, juicios y palabras que van como dardos hacia el otro, hacia el conocido, hacia el desconocido, al que todavía no nace y ya estamos hiriendo.

Estamos en un punto donde nos queda claro que los tiempos cambian, la vida cambia de un momento a otro y así prefieren enfocarse en el punto de desagrado, en lugar de amar y concentrarse en ese sentimiento que es el único que siempre nos saca a flote, disfrazado, diluido, pero siempre es él, solo es cuestión de saber reconocerlo.

El amor persevera, conserva y dosifica. Estamos vivos y de eso tenemos algo de pruebas, respiramos al ritmo, conjugamos nuestra persona, cada quien a su tiempo y con su propio gusto. Suficiente es lo complicado y puede salir muy caro el tiempo.