No todo lo que brilla es Home Office

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

Desde la primera década del 2000 ya empezaba a hablarse del concepto de Home Office, teletrabajo o trabajo realizado a distancia. El evitar trasladarse a la oficina, no enfrentarse al tránsito vehicular en el trayecto de ida, hacer una pausa en la jornada laboral para calentar el almuerzo en el horno microondas, continuar por unas horas más para entonces volver a hacerle frente al pesado tránsito, pero ahora de regreso, se veía como un sueño lejano y difícil de hacerse realidad. Hablar de trabajar desde la comodidad del hogar, sin un código de vestimenta y una vez concluida la jornada de trabajo saberte ya en casa sin necesidad de largos y tediosos traslados usualmente venía acompañado de un “nunca va a suceder en México y menos en el sector de manufactura”.

Lo cierto es que, en aquel entonces, entre varios factores existían dos principales que hacían ver al Home Office durante la primera década de este siglo como algo muy cercano a un concepto utópico. El primero era el tecnológico, ya que no todas las empresas contaban con los recursos para poder instalar una estación de trabajo con todo lo necesario en casa de sus colaboradores. Si las computadoras portátiles eran limitadas, los teléfonos inteligentes lo eran aún más, y estaban reservados en las empresas únicamente para personal de cierto nivel de autoridad. El segundo factor que complicaba la apertura al trabajo a distancia era la propia mentalidad y percepción de una gran mayoría de los líderes en puestos de autoridad en aquel entonces. Era común escuchar por parte de este grupo frases como “¿Cómo sé que realmente está trabajando si no lo estoy viendo?”. Aun cuando hace un año atrás la tecnología existente permitía ya establecerlo como una práctica regular, la mentalidad varios de los líderes en turno lo frenaba al grado que sólo un modesto número de empresas lo ofrecían como una prestación adicional. Tuvo que suceder una pandemia global para que a fuerza de golpe hacer del teletrabajo más que una prestación, una necesidad y fue hasta entonces que el sueño del tan ansiado Home Office se hizo realidad, incluso en funciones que anteriormente se veía como imposible de desempeñar a distancia.

El Covid-19 ha empujado -aun en contra de cualquier paradigma- a un número importante de empresas a enviar a varios de sus colaboradores a trabajar desde la aparente comodidad de sus hogares. La realidad ha resultado para muchos muy distinta a lo imaginado. El estar durante alrededor de 6 meses todos los días laborando desde su casa, saliendo de ella solamente a lo indispensable, ha llevado a algunas personas a llegar a decir que se sienten en una especie de arraigo domiciliario. Añoran la convivencia con sus compañeros, la interacción en juntas presenciales, festejo de cumpleaños, incluso hasta el mismo tráfico. La conectividad desde casa puede ser mucho más lenta que en la oficina, sobretodo en el uso de plataformas y aplicaciones. Si la persona que trabaja desde su hogar debe compartir el espacio y el internet con otros miembros de la familia, ya sea por razones laborales o escolares, todo se complica aún más. Tal es el desencanto del Home Office que hay quienes, aun teniendo la opción de quedarse a trabajar en su casa, prefieren mejor ir a su oficina por lo menos algunos días a la semana.

Una frase popular dice que debemos tener cuidado con lo que se desea, porque se puede hacer realidad. Y lo que muchos desearon por años, varios han comprobado en estos 6 meses más recientes que, no todo lo que brilla es Home Office.