No son burbujas 

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Me parece que con el andar, vivir, convivir y también con pensar y saber cómo me gusta ser tratada pinta mucho la pauta del otro, como debo ser tolerante y respetuosa de aquella totalidad de ese otro, desde su apariencia, hasta su más sincero sentir.

Muchas veces tenemos una mirada fija de lo que quisiéramos, de cómo nos gustaría que esa persona fuera, viviera, nos respondiera y esté en constante reciprocidad con la relación que se tenga; en todo esto antes mencionado, en todo esto antes escrito dejamos a ese “otro” a lado y sólo predomina el “yo” que quiere ver el mundo tal como lo imagina.

Olvidamos que ese ser es un individuo independiente de nuestros deseos, de nuestras metas, de nuestra realidad, viene de otra historia, de otra mente, de otro punto sencillamente en el universo y uno cree que una realidad específica salvará a la humanidad y es falso.

Tenemos que saber que no todo es como lo deseamos y eso también está bien y así, estemos o no de acuerdo por lo que yo opto por estarlo para facilitar el mañana, fluir un poquito más dentro de toda esa fricción que ocurre al salir el sol. Pero sí me he detenido a pensar en cómo se va energía y pensamiento en el otro, cuando lo único que uno puede hacer es emitir opinión cuando es solicitada o bien cuando por amor y desde el corazón se hace, de otra manera no mejoramos el silencio.

Obviamente no siempre es así, no siempre podemos y me agrego, no nos educaron así, no hemos visto el ejemplo de ser así, pero todos o en su mayoría somos adultos en pro del buen cambio, entonces debemos de comenzar, digo yo, en el propio.

No condeno la fijación hacia el próximo, pero ya la noto, ya me doy cuenta cuando pienso y agregó tanto en dirección ajena como si le echara encima la mochila con mis expectativas a cuestas y con darle ese peso me pierdo lo bonito que es amar y observar a alguien siendo único y siendo eso que le toca o eso que intenta ser, apenas lo noto recalco pero creo con eso ya voy un paso adelante que antier.

Hay tanto egoísmo que tenemos que dejar a lado, tanta costumbre que debemos de romper día a día, nadie es responsable de nuestras expectativas más que nosotros mismos. La vida es individual, te trasladas, tocas, mezclas, pero no sustituyes, ese es el verdadero respeto, eso es poder observar la maravilla sin tener que tocar con el dedo.