No somos piedras y éstas se erosionan

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Todos los días vamos creando un hogar, un hábitat con nuestras palabras, con nuestras acciones, nuestros objetos, nuestros humanos y animales predilectos. Cosas que resuenan y nos confirman el reflejo de lo que nos gusta, de lo que queremos, de donde nos sentimos cómodos.

Y es por eso que se vuelve importante, pienso yo, arreglar todo eso que no nos gusta pero nos es cómodo, familiar, habitual. Porque ¡justo allí! encajaremos, le llamaremos hogar y tal vez amor. Todo lo de fuera es como adentro, y todo eso que llamamos “gustos” son reflejos de algo que concuerda con nuestro sentir, desde la música, la forma de tomar el café, hasta el material de las calcetas.

Tenemos tantos sentimientos, emociones, memorias, pensamientos, no somos todo eso, pero nos van llenando y nos acompañan a vivir y “espectar” el mundo, hay que ser cuidadoso de las compañías, ¡dicen por ahí!

Es importante y también si lo vemos desde otro aspecto interesante conocernos, sabernos, buscar el hilo y algo muy valioso es darnos cuenta que todo cambia y nosotros también podemos provocar ese cambio, es como si nos recordarán que somos el jugador principal y nos regresan el control a la mano.

Pues he caído en cuenta en tantas situaciones, momentos, aspectos de mi propia vida, remarco que he dejado que otros tomen el timón, la orden ejecutora, la decisión y yo con todas mis opiniones y posibilidades, dentro sólo dejé que mi silencio predominara.

No todo los días podemos sentir progreso, estar en acción o en avance, porque pues la vida pasa, cosas y sentimos y hay días para sólo eso y también son buenos y necesarios y productivos en sus formas sanadoras. Obviamente siempre se habla de todo y un perfecto tiempo y sincronismo, pero hay momentos que pienso que podemos ser esos que abren el cristal y empujan la manecilla del segundero un poco más rápido, ayudándole al tiempo y generándonos presión, la necesidad por eso variante, por la oportunidad que sólo hemos soñado.

Se necesita mucho valor para ser quien uno quiere ser, porque eso requiere mucho sacrificio, presión y también un tanto de miedo para que nos vaya aconsejando en las cuestiones preventivas, de cautelo e instinto.

¡Sí!, no todo el miedo es malo, dosificado, dominado e identificado puede ser un buen amigo, un buen guardián y cuidador. Somos seres tan pero tan complejos, con laberintos de ideas no concretas y con otros castillos bien cimentados. Somos tantos para reducirnos a pequeñas opciones y diferencias, hay que irnos grandes y ver, y pues ver qué pasa.