No siempre mejor

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Tenemos tanto que no observamos, que no nos damos cuenta, que ¿no podríamos salir huyendo con ello en brazos y cómo podríamos dejarlo todo? Tenemos tanto que no comprendemos lo que es carecer de lo esencial y no hablo aquí de lo material, hablo de lo físico, de lo emocional, de lo psicológico.

Parece como si fuera necesario el contraste para poder darnos cuenta, que se nos reste para saber qué nos llena, de escuchar para conocer, de profundizar para entender.

Hay momentos que observo, porque me gusta hacerlo, porque es un hábito y noto la carencia en el otro, en el dolor, en el vacío y me duele, me duele lo que yo a veces olvido, de lo que no siempre estoy agradecida y de lo que puedo llegar a renegar y molestarme y puedo notar de repente no tenerlo.

Soy afortunada en tanto, como muchos otros pero estamos dormidos ante el milagro, ante el sorteo que resultamos ganadores y nos venden las preocupaciones banales y las compramos, nos mintieron con la necesidad y seguimos en el empeño. Y nos volvimos superficiales, avaros, insaciables y pensamos que vamos hacia el éxito, esa palabra tan grande que nos da sombra a todos, con un corto concepto, como si nuestras vidas fueran semejantes, de molde, de familias perfectas, de educación adecuada, de integridad y razón.

Tengo que ser más agradecida y estar más en paz me digo, no tanto feliz sólo en paz, saber lo que soy, donde estoy y como he crecido y avanzado en mi propio mundo y persona, ya no en comparación ni de alguien más o con alguien más. Debo estar aquí y sentir mis dedos porque si no me duermo por el sueño, por las palabras repetidas, por las ambiciones, por el movimiento de las hojas del calendario, por la moda de serlo, por la no pregunta.

Debo y a veces si agradezco estar y poder mantenerme más o menos saludable, estable, agradezco más que todo el poder diferenciar, el poder notar y el saber distinguir, pienso que eso es lo primero y de ahí me fluye lo demás y nombres. Veo a tantos, observó a tantos y sólo puedo decir gracias, a mi vida, errores y caminos, palabras y enemigos, esa totalidad que me han traído aquí y acá, que soy esta persona que puede compartirlo, aunque no lo viva todos los días, pero sí lo distingo entre momento y momento.

No intento ser mejor, sólo darme cuenta de las cosas y poder recordarlas todos los días.