No se es siempre siendo

Por Ana Celia Pérez Jiménez

La soledad es tan necesaria como la compañía, aquel que no sabe disfrutar de su propia y única presencia está perdido, verdaderamente perdido. En las garras y merced del mundo, vulnerable a todo tipo de manipulación, siempre estará buscando, siempre en camino porque no sabe llegar, no sabe verse a sí mismo, se aburre en su sola presencia y constantemente siente la ansiedad de que algo le falta, no sabe qué pero es un gran vacío algo así como la no materia que devora todo, algo así lo devora cuando no está siendo entretenido y teme pasar así sus días hasta la vejez de sus tiempos.

Aquel que le teme a su presencia, le teme a sus propios hechos, a sus palabras y a sus recuerdos. Los pensamientos son eso y no somos nosotros, uno es uno y la falta de sumergirnos en el propio yo, en lo interno y observante nos hace unos completos extraños al momento de que estamos ante nuestra única presencia. Nos disfrazamos de otros, optamos formas ajenas, credos extraños y modas que hacen ver al mundo tan igual.

Esos que no saben estar solos carecen del valor de saberlo estar, tienen miedo encontrarse únicos, porque eso amerita pensar por sí solos, tener un juicio propio, opinión, sentimientos y tomar acciones en base de sus propias convicciones y eso podría provocar una gran marea de culpa, solo imaginen esa gran ola que se elevaría por todo ese gran movimiento, por todo ese crujir de ramas que se escucharía al abrirse brecha y camino por donde nadie más lo ha hecho, por donde tu yo natural te lleva, por donde tu felicidad va siguiendo la melodía no para llegar, sino para seguir escuchándola a cada paso.

No todos están listos para ser individuales, salir de la norma, ser vistos por ellos mismos, por eso luchan por su lugar y estatus en una sociedad que abraza mientras no la contradigas, mientras no rebases sus expectativas o la sorprendas. Vestir de lo mismo, reír del mismo chiste, tener las mismas poses, ir a los mismos lugares, ser lo que son todos, que miedo probar algo distinto y ser juzgado de diferente o loco, vaya que la educación individual se corta desde la niñez y lo vemos en muchos sistemas educativos y obsoleto, en los miedos arraigados y la colección de culpas en el armario. Y ahora bien se encuentra el adulto aterrorizado en soledad sin saber cómo iniciar la plática consigo mismo, no sabe de sus gustos, qué le haría feliz, cuándo llegó y cuál era su destino.