No quiero esa mesa

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Aprovechando la visita en la Ciudad de México no podía perderme visitar el Nicos que, aunado a la cantidad de reconocimientos, comer ahí es reconocer y homenajear la cocina tradicional mexicana que comenzaron Raymundo Vazquez y María Elena Lugo en 1957. Y que su hijo Gerardo en equipo con su madre ha continuado hasta hoy.

Nicos no sólo se ha mantenido en la lista de los 50 mejores restaurantes de Latinoamérica desde 2015 (uno de los listados más importantes del mundo en lo que a gastronomía se refiere) sino que en 2018 los Latin America’s 50 Best Restaurants le otorgaron de manera simultánea a Gerardo Vázquez Lugo y a su madre María Elena el premio Diners Club a toda una vida por los 61 años de trabajo en la gastronomía.

Así que si se quiere disfrutar de su comida más vale hacer reservación, de lo contrario se corre el riesgo de quedarse con las ganas. Con semanas de antelación hice la mía, advertida por el establecimiento que tenía que ser puntual ya que solo había una tolerancia de diez minutos. Cuando llegué al restaurante me sorprendí al ver que realmente conservaba la esencia de la cocina de barrio que lo distinguía, alejado del glamur de los otros restaurantes mexicanos enlistados en la Latin America’s 50 Best Restaurants.

El local ubicado en Clavería en medio de una zona industrial de Azcapotzalco, mantiene la congruencia entre la comida con sabor a cocina casera matriarcal con las técnicas modernas de Vazquez Lugo, quien se formó con los De’Angeli y que han llevado a Nicos a donde está.

Nicos era la mejor manera de comenzar un fabuloso fin de semana y llegué justo diez minutos antes de la hora de la reserva. Entré al restaurante y me sorprendí al ver que el piso, las paredes y los muebles daban ese toque que me recordaba a las fondas que mi mamá nos llevaba cuando éramos niños. Les dije que tenía una reservación buscaron mi nombre y amablemente me invitaron a pasar, guiándome hasta una mesa que estaba justo en el centro de local.

Todas las demás mesas estaban pegadas a la pared y la que me habían reservado era la única que estaba en medio de todo. No sé ustedes, pero en mi caso por un tema de psicología del espacio no tolero las mesas que están en medio, porque me siento expuesta. Amo las orillas y los rincones, tal vez porque me gusta tener la panorámica y el control de lo que veo o porque no quiero sentirme que estoy a la pasada de todos. Pero esa mesa no la iba aceptar.

Así que como un cliente con la expectativa de disfrutar la experiencia de Nicos le dije a la hostess amablemente pero de manera firme: “no quiero esa mesa”. Asombrada me miró, me preguntó la razón y le contesté: “porque está en medio de todos y no me gusta”. Además señalé que había mesas vacías en las orillas.  La señorita contestó que las mesas estaban reservadas, entonces añadí: “La mía también”. Le pregunté ¿Acaso cuando te reservaron todas esa mesas te especificaron que la querían pegada la pared?  Me pidió que la esperara un momento y se alejó hacia donde estaba el capitán y otra persona.  Mientras discutían yo permanecí parada junto a la mesa.

Después de un par de minutos me asignaron una a mi gusto, pudimos disfrutar de las delicias de las recetas mexicanas tradicionales de Nicos y descubrí porqué Nicos está en esa maravillosa lista de los cincuenta mejores de Latinoamérica.