No olvide el regalo

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Muchos se jactan de haberlo vivido todo, de haberlo hecho todo y sobre ese presumir todos sabemos que no es cierto y eso sería imposible. Y es que el día a día nos trae nuevos retos incluso cuando caemos en la monotonía, nos damos cuenta cuando vemos en retrospectiva todo tan igual y deseamos a futuro un cambio.

En algunos momentos somos nosotros mismos el reto y la problemática y otras veces recae en la interpretación y los permisos hacia los otros, poniendo esto último en forma saludable.

Y es que hay tantas cosas no resueltas que recaen en los hombros de todos todo eso heredado, aprendido, adoptado para ser vivir, sobrevivir y superar, no todo nos hace sentido siempre y de primera, tenemos que irnos hacia tras, dar un paso para atrás, que si estuviéramos delante de una obra de arte a solo unos centímetros no podríamos apreciarla ni reconocer que lo estamos, así cada situación, así las cosa que queremos comprender, entender, resolver o incluso digerir para poder dejar atrás, debemos de tomar distancia y tomarnos el tiempo debido que merece y merecemos.

Los otros son retos, las palabras lo son, entender y relacionar sus significados también, accionar y no hacerlo, todo en respuesta no a una pregunta muchas veces a un estímulo sea propio o ajeno.

A lo que voy con esto, porque si pienso que voy a algo es que la vida no termina, no concluye, no aburre si lo vemos de esta forma, porque siempre habrá mil ángulos de donde perfilarse y agarrarnos pero opto por esta, por el lado matemático del universo, por el lado donde las sumas a todos nos salen sin necesidad de calculadora y con los puros de dos de las manos.

Los problemas nos abstraen, nos adentran, si el goce y la felicidad son maravillosas pero pienso que sobrevaloradas, ¡bueno, en mi mundo sí!, creo que la experiencia sea la que sea poder llevar a su punto después librado y semi entero ya con eso merecemos una medalla, no de la sociedad, de uno mismo y esas cosas de la autoposición.

Yo todos los días me topo con retos distintos, provocados muchos por mí, otros por consecuencia, otros porque me los enseñaron y la mayoría de veces es porque me he podido despertar y me de todo esto me he dado cuenta, el dormir si nos revitaliza y nos da sueños, pero el despertar, levantar el velo, el quitar esa última cáscara de una nueva vida, con moño y envuelta.