No más Permisos COVID-19

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

El año anterior lo concluimos con el asedio de una variante de Covid llamada Ómicron, la cual combinada con las fiestas decembrinas dio como resultado un incremento substancial de casos positivos a principios de enero.

Los centros de trabajo pronto se vieron afectados por ausencias de sus colaboradores ya sea por infección directa de alguno de sus familiares. En algunas empresas llegó a niveles de un diez por ciento, lo que pudiera verse como tan sólo uno de diez, pero cuando se habla de una planta de manufactura de tamaño mediano de mil trabajadores promedio, es cuando el impacto es mucho mayor ya que hablamos de cien trabajadores ausentes, los cuales además deben ser reemplazados temporalmente para no afectar los planes de producción establecidos.

Con esta situación, al trabajador infectado se le canalizó por parte de las empresas al IMSS para que tramitará su incapacidad correspondiente, generando avalancha de derechohabientes solicitando su documento para no ser afectados ni en su empleo y su ingreso.

Ante la imposibilidad y el alto riesgo que esto significaba en términos de contagios, las autoridades del IMSS optaron por regresar al llamado Permiso COVID-19. De esta forma, el trabajador inscrito sólo debía tramitarlo en línea teniendo en mano algunos datos personales.

Esta medida basada en la buena fe de la gente evitó que continuaran las aglomeraciones en las unidades hospitalarias, acelerar el proceso e impactar en lo mínimo el ingreso del colaborador. Por su lado, las empresas no tuvieron que verse en la necesidad nuevamente de otorgar permisos con goce de sueldo tal y como sucedió al principio de la pandemia.

En tan sólo 14 días la institución ya había otorgado casi 200 mil permisos a través de la aplicación en línea. Se otorgaba por una sola ocasión y por siete días. En casos asintomáticos, pero con prueba positiva el permiso se reducía a cinco días.

El cobro de la incapacidad se llevaba a cabo por medio de depósito bancario, sin necesidad de que el trabajador tuviera que hacer ningún tipo de traslado.

Sin embargo, tal como lo indica el comunicado del IMSS, ante la disminución de contagios, el 22 de febrero de 2022 se concluyó la expedición del Permiso COVID-19. Con lo cual el trabajador que presente síntomas nuevamente deberá acudir a la Unidad de Medicina Familiar para que sea valorado y, en caso de ser necesario, se le otorgaría la incapacidad correspondiente.

Un aspecto de llamar la atención es que el número de permisos otorgados en poco más de un mes superó a los que se expidieron en varios meses durante la primera ocasión en la que se recurrió a este mecanismo. Por lo que cabe analizar y preguntarse si lo anterior fue resultado de un abuso de la población o fue en realidad una medida altamente efectiva.

Si fue lo primero, sería entonces un reflejo de lo subdesarrollado de nuestra cultura aun en tiempos en los que se esperaría un poco más de prudencia y moral. Pero si es por lo segundo, entonces nos habla de que se hicieron las cosas bien, que se aisló de la manera más práctica a quienes lo requerían, para proteger al resto, sacrificar unas semanas con los riesgos de algunos abusos para contener la ola de contagios y, posteriormente restablecer en la medida de lo posible la normalidad – entendiéndose en su nueva definición – al grado que actualmente ya empezaron algunas empresas a reportar cero casos positivos.  

Hoy el semáforo está en verde y el número de gente infectada ha disminuido considerablemente, también cabría preguntarse si esto es la luz al final del túnel o es la calma que antecede a una ola aún mayor.