No es lo que viene, es lo que es

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Toda la vida me ha dado tanta melancolía los años nuevo y me permito decir que llamo toda la vida a la mayoría de mis años, siempre fui una niña muy melancólica que lloraba con el mero hecho de escuchar la lluvia. Pienso que es la metáfora dentro del cierre del año, de ese ciclo, de la vuelta, del piso, la página y en un breve lapso se nos junta todo, como empalmando imagen tras imagen, nombre tras nombre, sentimiento y emociones. Es algo fuerte, es fuerte que nos llegue un resumen del año, la factura de todo eso que fue y experimentamos, conocimos, vivimos y ya no es y sólo estamos en la consecuencia de ello, pero siempre estamos en la consecuencia de algo.

Hoy me llama mucho la atención esa parte del significado y la celebración, me retraigo de la escena e imagino todos esos momentos del adiós de un año que se va y todavía me detengo un poco más y me digo: No es cualquier año, es el año pandémico del 2020. Es un año que va directo a los libros de historia, hablarán de los vivos y de los muertos, hablaran de cosas que todavía ni imaginamos, los efectos secundarios del encierro, del miedo, de lo perdido, del remedio y las secuelas. Ahora estamos en él, en medio de la tormenta, el ojo del huracán, el verbo que ocurre en presente y en su historia se sabrá mucho más, seremos el mapa, los índices, los objetos de estudio y nosotros los testigos o quizás la contabilidad.

Hay más que los tiempos, hay más que lo que ocurre y nos ocurre, estamos viviendo lo que necesitábamos dentro de nuestra experiencia terrestre y colectiva. Nos están otorgando esto y no sabemos para qué, pero en la suma total, en unos pasos adelante quiero pensar sabremos la respuesta y dentro de ella algo de verdad. Es curioso cómo queremos y sentimos que podemos descifrar, pero sólo podemos saber el ahora por memoria del pasado, por experiencia.

Este año nos está dando algo, que no sé qué es pero lo percibo, lo siento y me mueve, me mueve fuerte y más que otras muchas cosas en mi vida y a lo largo de ella. Tenemos los dedos sobre una nota, un tono fuerte, una ópera en su escena dramática y que aunque desgarre, sanará, sanará como lo hacen los poemas, el arte, las letras, en el perfume del alma mientras podamos respirar.

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