No es apatía, soy yo vestida de otro color

Por Ana Celia Pérez Jiménez

En blanco como esas paredes donde no sabes cómo adornar o bien como esas hojas que al parecer tu imaginación y creatividad nunca alcanzan a tocar, ¡sí en blanco!, de momento así me encuentro (o quizá todo lo contrario). Me gustaría poder describirme de otro color o alguna otra tonalidad, pero no, no es así y la verdad pues es que el blanco le va a todo, no estorbo en el sillón, no hago ruido en la casa, puedo bien estar dormida o sentada en una silla y nadie lo notaría. Podría estar postrada en medio de la calle y sería como esas líneas que uno siempre olvida qué señalan, podría quedarme quieta en un parque y sería un letrero más de esos que nadie lee.

Los sabores no se me dan hoy, doy vueltas cual vals en mi cuarto buscando el ritmo, buscando despertar, pero hoy no desperté conmigo, hoy no llegue a tiempo y me he quedado en algún lugar entre el recuerdo y el ultimo sueño, quizá fue por haberme levantado en la madrugada para ir al baño y no haber usado mis pantuflas algo de eso quizá me enfrió el alma, algo quizá de eso creo esta neblina en mi pecho. Hoy no sé en qué día ando y por la ventana no distingo la rutina de mi calle, ni el sol parece tener ganas de darme una pista.

Días como hoy vivo en la preocupación de otros, vivo en mi armario como un vestido de gala que uso una vez cada 4 años y con el temor de que esté algo empolvado o ya pasado de moda. No me encuentro cansada eso sí lo sé,  estoy en un día neutral tal y como cuando lo marca un automóvil y solo necesito un pequeño empujón para saber si vengo o si voy.

Tengo derecho a este día, este día que soy  testigo de mi vida, de mi cuerpo, de mi entorno, lo que siento, de mis amigos y familias, días que no llegó del todo a mí misma, como si estuviera siempre unos centímetros más alejada de mis ojos, de mi nariz, de mi boca, de mi sexo.

Días comodines, días que son, días que marcan pauta de cada nota, que en el espacio y el silencio también duerme el respeto y la importancia en la que descansa la mente, el yo y el otro, mi cuerpo. Hoy mis ganas están atoradas en el lavador en ese ciclo que exprime y exprime, mientras espero a que seque mi abrigo con el que pienso salir al punto de las ocho de la noche, quizá fuera habrá algo, algo que quizá me despierte.