Ni en la casa ni en la escuela

Por Maru Lozano

De repente unos alumnos se están drogando fuera de una preparatoria y se intenta hablar con el Director, mismo que se niega.  ¿Pues qué va a decir?

 

De repente nos enteramos que alumnos universitarios con carro pierden la vida por estar atendiendo el celular y se pretende que el rector de respuesta a eso. ¿Cómo?

De repente se sabe que cierta alumna resultó embarazada y el enojo es con la escuela. ¿Por qué?

Siendo pública o privada, lo ideal es reportar números alegres para no quedar mal, pero de que suceden cosas de todo tipo en los alumnos jóvenes, ¡suceden!

Irse de pinta o llegar tarde a casa es un desafío que llena de adrenalina y emoción a los muchachos.

Textear mientras manejan, tomar, drogarse, tener sexo y vivir todo tipo de experiencias en grupitos o parejitas puede arrojar tragedias irreparables.

¿Qué hacer? ¿A quién le toca? ¿Pues qué faltó?  “Información constante”.

A los jóvenes se les tiene que advertir y volver a advertir; repetir y volver a repetir porque una sola vez es insuficiente.  Cada día, ¡varias veces al día! hay que estarles reiterando los límites y las consecuencias para ellos. Por ejemplo, “Si llegas más allá de las 6:00 pm te quito el celular una semana”.  Y ¡cumplirlo!  A los adolescentes les quiebras si los desconectas, dejas sin dinero, sin recursos y sin permisos.

Si ellos ven que sus papás son reales y no hacen negocios con los castigos, se cuadran.  Pero qué tal cuando los papás dicen:  “Te meto a un internado”, “te vas de la casa”, “a ver quién te mantiene” y cosas sin sentido que ni vamos a  llevar a cabo. Pues se burlan, nos dan el avión y bien seriecitos argumentan que no fallarán.

En las escuelas es importante reportar inmediatamente la ausencia del alumno, ¡ese día! pero por favor, actualicen su base de datos porque luego ni los teléfonos reales tienen.  Y que el reglamento sea de verdad leído y entendido.  Siempre es un librito con artículos tipo constitución, cuando debería ser a dos columnas para poner en una el comportamiento y en  otra la sanción.

Advertir con regularidad y cumplir con sanciones en caso de ausentismo que no sea por enfermedad o justificable.  Los alumnos solo miden y calculan a la perfección las faltas que pueden tener para no perder derecho a examen y esa no puede ser la única consecuencia.  Ellos ya saben que, de reprobar materias, las pueden acreditar en cursos.

Las escuelas deberían poner la información real en la mesa con medidas preventivas, pláticas, testimoniales y talleres para que los estudiantes tengan conocimiento de las consecuencias académicas, sociales, psicológicas, familiares, biológicas, etc.

Cuando se pretende que las escuelas respondan, como en el caso de los muchachos que se drogaron afuera de la preparatoria hace unas semanas, es porque nunca se ha visto que las cámaras y micrófonos acudan a la casa de los alumnos y que sus papás hablen.  Entonces… ¿A las escuelas les toca educar, tanto a padres de familia, como alumnos?