Ni despegar, ni aterrizar

Por Adriana Zapién y Valente Garcia de Quevedo

Karla y sus amigos aprovechando las ofertas de los vuelos desde Houston a Cancún, viajaron al paraíso caribeño para celebrar un fin de semana de San Valentín. Salieron el jueves 11 de febrero por la tarde con retorno programado a casa el lunes 15 de febrero por la mañana.

La pasaron increíble tratando de no pensar en nada que no fuera divertirse y disfrutar; pero en casa las cosas no pintaban bien. Desde el domingo 14 de febrero comenzaron a cancelarse los vuelos desde y hacia Houston por el cierre de los aeropuertos Bush y Hobby, porque las pistas estaban congeladas. El lunes por la mañana las autoridades de los aeropuertos anunciaban que se cerraban las instalaciones hasta el martes a medio día.

Por esa razón, el lunes que Karla y sus amigos llegaron al aeropuerto se dieron cuenta que su vuelo a Houston era uno de los 20 vuelos cancelados que salían a Estados Unidos. Ella no sólo estaba preocupada porque no sabían cuándo podrían regresar a casa sino por su familia, que vivía en el área de Houston y que sufría como todo el estado un apagón de tal magnitud que había dejado a millones de personas sin electricidad y sin agua, por las más bajas temperaturas registradas en los últimos 30 años.

Aunque estos fenómenos son cíclicos, los sucesos extremos están siendo más frecuentes y olas de calor y frío hacen que la demanda de electricidad sea más alta. Tanto que colapsó la infraestructura energética. Los amigos de Karla leían las noticias sobre la onda helada y el mega-apagón, apareciéndoles notas donde los republicanos culpaban a las energías limpias como los causantes de la crisis energética, a lo que uno de ellos exclamó en tono burlesco, que las energías sustentables no eran entonces tan buenas porque fallaban.

Debido a que en los últimos años me he especializado en temas de sustentabilidad me siento con la obligación de defender a las energías renovables de afirmaciones cómo estás, así que hay que tomar las declaraciones de que las energías limpias no son eficientes en climas extremos de quien vienen. Y si lo declaró un grupo político que defiende los combustibles fósiles, entonces es lógico que eso dirán sin tomar en cuenta dos cosas: El cambio climático hace que el vórtice polar en invierno sea más inestable llegando cada vez más al sur. Y que el problema no lo tuvieron las instalaciones de energía limpia sino la pobre inversión en la infraestructura en Texas.

Si las energías limpias no funcionaran en climas extremadamente fríos, los operadores de centrales eléctricas de energía limpias en Alaska, Canadá, Maine, Noruega, Groenlandia y Siberia no podrían hacerlo todo el tiempo sin problemas durante el invierno extremo. Según los expertos lo que ha hecho tambalear a Texas no es un problema de turbinas eólicas congeladas a las que culpan los políticos, sino que Texas ha creado una red eléctrica con énfasis en precios bajos sobre un servicio confiable dejando al descubierto fallas de un estado etiquetado como el más abandonado en infraestructura eléctrica de Estados Unidos.

La pérdida de energía en la red es causada por los cierres de centrales térmicas, principalmente las que dependen del gas natural; por eso los grupos de pro-combustibles fósiles y sus aliados responsabilizan de las fallas de energía al congelamiento de las turbinas eólicas advirtiendo sobre los supuestos peligros de las fuentes de energía alternativas. Es la propaganda llamada negacionista, la de aquellos que por intereses económicos, prefieren ganar dinero a costa de las personas y el medio ambiente.

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