New Ámsterdam, nuevo ícono

Por El Recomendador

Esta serie norteamericana de 2018 parece que se hizo para exaltar a los médicos que hoy están en la primera fila con motivo de la pandemia. Son cuarenta episodios que tienen como guionistas a una docena de creativos.

Los médicos a la cabeza de esta serie se distinguen por dar la preferencia casi absoluta a cualquier cosa que no sea curar a sus enfermos. Está filmada con tal esmero que los premios se le aproximan.

Alguna persona que supo que veía yo esta serie me preguntó ¿No te aburres de ver a tantos enfermos y a tantas enfermedades, no prefieres algo más ligero? Le respondí que hacer frente a la enfermedad y a la muerte es siempre algo muy propicio para encontrar lo que es más humano: la solidaridad, el amor y la lucha por el respeto a la infinita dignidad humana.

Agregué, un poco molesto por la descalificación de mis gustos, que quien ha encontrado el significado y el valor de esta vida perecedera, no tiene ninguna razón para huirle en el cine a los dramas que se nos presentan a diario.

Pero, a pesar de las convicciones personales que acabo de afirmar, la crítica tiene que ir más allá de lo subjetivo y confrontar a fondo cómo se abordan los temas tratados y ver hasta dónde se logra reflejar al mundo real de la medicina, en este caso, sin idealizaciones ni buenismos como recursos construidos artificialmente para atraer al espectador sentimental.

El hospital más antiguo de los EE. UU. recibe a un nuevo director: el inconformista Max Goodwin (Ryan Eggold), un médico decidido a cambiar las cosas y salvar vidas, por encima de todo. Hay que romper con la burocracia para poder brindar una atención excepcional. La meta es aceptar a todo mundo para ser curado.

Mientras un importante crítico nos dice que la serie es sincera, bien intencionada y aburrida y que en ella se hacen aparecer todas las soluciones que siempre resultan fáciles. Otros críticos niegan que sea una visión auténtica de las instituciones médicas. Hay por ahí otro que dice que la serie sufre un fallo multiorgánico extremo, empezando por una infección en el corazón (Filmaffinity, México).

Y sin embargo, no faltan quienes la elogian y la reconocen como irrenunciable para fanáticos de las series que se refieren al buen doctor con el que todos soñamos. No faltan quienes autorizan el buenismo fílmico y no admiten a nadie que minusvalore ni los excesos ni la artificialidad.

A lo que patrocina Netflix casi nunca le falta la ideología favorable al elogio incondicional para las uniones homosexuales y la defensa de una paternidad de estas parejas que dice que es deseable para menores abandonados. Hay también, por supuesto, una referencia a las posibles operaciones de adolescentes transexuales para satisfacer su deseo de cambiar de sexo y acceder así al que consideran su genuino.

Ciertamente se ha tomado lo que hoy está de moda, pero también algo de lo que nunca pasará. Como he dicho, considero que algunas de las historias resultan realmente conmovedoras y acertadas.