Nélida Saitegi (Segunda Parte)

Por Maru Lozano Carbonell

Aprender a convivir tiene que ser una de las finalidades de la educación y la española Nélida Saitegi comparte seis claves para esto:

  1. Acordar qué se entiende por convivencia. Vital que los papás, docentes y alumnos estén en el mismo canal al respecto para que todos se dirijan hacia las mismas metas. ¡Afinemos la brújula! Convivir nada tiene que ver con que el alumno esté calladito, obedeciendo y cumpliendo el reglamento porque no estamos hablando de la paz del cementerio, sino de un centro escolar “vivo” donde surgirán situaciones de todo tipo y ¡tenemos que saber manejarlos!
  2. Qué hacer con los conflictos. ¿Los escondemos y hacemos como que la Virgen nos habla? Es que, si pasa algo, tenemos que aprovechar la oportunidad que nos da ese conflicto para aprender y madurar. El “cómo” se aborda es fundamental.
  3. Las normas de clase y la educación moral. Tiene que haber normas, pero ¿quién las establece? Si queremos acompañar a nuestros alumnos en su proceso de convertirse en personas autónomas, dichas normas tienen que ser puestas por directivos, docentes y alumnos, ¡los acuerdos también! Quizá esto de “conducta-sanción” funcione mal, mejor “normas-acuerdos”. Diseñemos juntos el manual de convivencia porque si el maestro estipula las reglas, pues los alumnos reaccionarán alegando que “el profe lo arregle, al cabo él ejerce el poder…”.
  4. La participación. ¿Cuánta voz tiene el alumnado? Nélida nos recuerda: “Todo para los hijos… pero ¿sin los hijos? o todo para el pueblo… pero ¿sin el pueblo?” No ocultemos la realidad, hay que hablar de los conflictos, de lo que preocupa porque se pretende formar personas autónomas y buenos gestores para que en su futuro participen en la sociedad, pero si no les permitimos tal participación en la escuela, entonces ¿cómo? Saquemos partido de los eventos en los que ellos pueden tomar decisiones como organización de asambleas, etc. Dejemos de infantilizarlos porque son increíbles y ¡vaya que se puede negociar con ellos!
  5. Eliminación de la violencia. Es terrible que hoy día la sociedad hace alarde de la violencia, no cabe duda que vivimos tiempos muy agresivos. Discrepar es sano, pero Nélida acota a Gandhi: “Hay que ser duros con los problemas, pero delicados con las personas”. Enseñemos y modelemos cómo sopesar argumentos sin violentar ni meterme con tu persona. No tenemos a nuestro favor lo explícito de los medios de comunicación, los video-juegos y demás, así que fomentemos un ambiente de paz. Dejemos ya de enseñar con frases hechas, con estereotipos para que se agudice en los alumnos su pensamiento fino y reflexivo.
  6. La metodología de enseñanza y evaluación en la escuela. Definitivamente, esto tiene que estar ligado a la convivencia. Si las normas, las consecuencias y los acuerdos se establecen juntos (toda la comunidad escolar) se repararían los daños y se aprendería a buscar soluciones de manera colaborativa. Poco sirve para evolucionar recibir un castigo, mandar a casa y dejarlo así. ¿Y el desarrollo moral? Apostemos por un paradigma proactivo y no reactivo. Así detendríamos la formación de sumisos y cínicos.

Para resolver conflictos, la mediación escolar es estupenda. Formemos a los docentes y los alumnos en este sentido. Contamos por ejemplo con Mari Luz Sánchez García-Arista y José Antonio Veiga Olivares, entre otros expertos para iniciar este proceso. ¿Nos animamos?