Negociaciones por el TLC: ¿La octava es la vencida?

Por David Saúl Guakil

Siguen las reuniones, que parecen no tener fin, ahora dejarán para inicios de abril la octava junta de negociaciones. Hay versiones encontradas, todas no oficiales, donde algunos sostienen que todo va bien y otros que ‘así no se puede negociar’, con un presidente como el de Estado Unidos que hoy manifiesta una cosa y mañana otra, confundiendo hasta los de su propio equipo que no logran entender el porqué de tanto cambio repentino.

Aunque no haya información oficial al respecto, todo apunta a que nos envió como negociador ‘doméstico’ a su yerno -Jared Kushner-, para destrabar algunos puntos de la negociación y convencernos que su postura no está del todo equivocada, que los tiempos cambian y éstos no son la excepción, por lo tanto hay que cambiar, claro, siempre a favor de su país, de paso y aprovechando el viaje, para demostrarle a sus electores que él tenía razón.

Las gestiones por parte del gobierno mexicano y sus representantes, me parecen oportunas, pacientes, conciliadoras e inteligentes en su estrategia. Hemos oído críticas desde todos los ángulos donde se cuestionan estos acuerdos tratándolos de tibios y con poco poder de determinación, sin embargo, creo que es mucho más fácil –como ocurre a menudo con otras cuestiones-, subirse a la crítica fácil desde afuera, que ‘estar ahí’ y negociar algo tan complicado, sobre todo cuando una de las tres partes se cierra y victimiza, señalando como culpables de lo que hasta aquí sucedió, a sus socios comerciales, en especial a México.

El caso de los aranceles para el acero y el aluminio -que supuestamente iba a imponer el señor Trump-, a todos sus socios comerciales, tomó otro rumbo inesperado cuando vuelve a declarar el mandatario, que quizás no sea el caso en la aplicación de esos aranceles, ni de México ni de Canadá, países con los cuales están tratando de llegar a un acuerdo para la renovación del TLC, pero con los demás países sí lo aplicará. Ya me imagino la reacción de China, por ejemplo, que es un potente socio comercial de EEUU y otros países de Europa y América -Brasil es el segundo exportador de acero a la Unión Americana-, si estos impuestos proteccionistas y ‘poco amigos’ se llegan a concretar, podríamos estar ante una nueva y severa crisis comercial con tintes de guerra en este ámbito, sin precedentes.

Si en lugar de abrir mercados, el país vecino y sus gobernantes en turno, con Trump a la cabeza como impulsador compulsivo de medidas arbitrarias, deciden implementar políticas excesivamente nacionalistas, habrá que revisar cuidadosamente nuestra enorme relación comercial con los Estados Unidos y enfocar nuestro comercio -decididamente- a otros mercados. No es fácil, tampoco imposible, porque también México es otro, mejor que aquel de hace 23 años cuando el TLC comenzó. Hoy no somos ‘sólo petróleo’ y nuestra exportaciones alcanzan cifras récord, aún con los problemas no resueltos como la inseguridad, la inequidad social, la corrupción y otros flagelos modernos que nos aquejan.

Somos un país altamente competitivo en la elaboración de miles de productos que se mueven por el mundo, tenemos una mano de obra especializada superior que la de antaño y una población joven mejor preparada y comunicada. La juventud es otra invaluable riqueza de México de la que muchos países del primer mundo carecen, que no se nos olvide.

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