Navideñosidades

El Recomendador

Harto de usos y costumbres que corrompen los festejos de la Navidad, el alegre escritor Germán Dehesa, de muy feliz memoria, fundó el club de Scrooge (personaje de Dickens que supuestamente odiaba tales festejos). Sus intenciones eran irreprochables: obtener la solidaridad de todas las personas que deseaban abolir tanto las cursilerías, los canticos vacíos repetidos hasta la náusea, así como las borracheras que se desencadenan, interminables, con pretexto de la Navidad. Combatía con furia la comercialización que prostituye tales festejos, aunque, en sus tiempos, las televisoras no obligaran de la manera desaforada como lo hacen hoy, a soportar una catarata interminable de anuncios necios, ante la complaciente indiferencia del Gobierno Federal.

Hoy que Netflix se incorpora al maltrecho espíritu navideño, comentemos dos aportaciones suyas:

1.- Operación Feliz Navidad (Operation Christmas Drop), película norteamericana estrenada este 2020: una estricta asistente de una diputada es enviada a la base aérea de las islas tropicales de Goa para que haga un informe que permita poder abolir los supuestos despilfarros que ahí se hacen de los fondos públicos. Al ver la realidad, se cerciora de lo contrario: los militares no despilfarran, sino que hacen felices a los lugareños de estas islas tan lejanas y apartadas.

No sólo no hay despilfarro, sino que se vive, en pleno trópico, un nuevo espíritu navideño que incluye a voluntarios altruistas de varias naciones para mejorar la vida de los abandonados isleños. Se adoptan nuevas tradiciones hermosas y desinteresadas en las que destacan los muy humanos y honorables militares.

El melodrama termina en romance hermosamente interracial y de esta manera, el relato podría llevar a los espectadores más sensibles a negar hasta la existencia misma del Imperialismo.

2.- Dash y Lily (Dash & Lily), serie también del 2020 con ocho episodios de su primera temporada: Un muchacho, Dash, que aborrece lo que se ha venido haciendo con las fiestas de Navidad, prefiere pasarla sólo consigo mismo, cuando se encuentra en la librería con el cuaderno rojo de la intrigante Lily, a quien no conoce, y que lo reta a un juego de adivinanzas y de encuentros y desencuentros.

Ella, a su vez, no quiere sentir la soledad y la inexplicable nostalgia y tristeza que a todos nos suele llegar por estas fechas, cuando nos centramos en nosotros mismos y carecemos de fe y de amor por el Niño que festeja su cumpleaños dos mil y pico.

Se nos propone mirar con los anteojos de la adolescencia líquida que le suspira a todo lo que parezca tierno. La serie es una invitación a que olvidemos que vivimos el espejismo de la sociedad de consumo y nos invita a suspirar al son de las compras de ositos.

De este modo, todas las propuestas vienen de una sociedad vacía. Dan lo mismo, una, que otra. Y la fe viene vivida y centrada en cada solsticio de invierno en todo lo que tanto adolescente perpetuo juzga inefable y, por lo tanto, digno de todos los suspiros. Y la larga noche se llena de la alegre lucecita LED de las estrellas artificiales.

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