Nanay

Por Marú Lozano Carbonell

¿Con dificultades para decir que “no”? Es cierto que un “no” dice algo negativo, siempre va a provocar reacciones, pero es necesario en muchos casos recurrir a esto.

Existimos personas que fácil y rápido accedemos a las demandas y peticiones de otros, llámese hijos, pareja, jefes, compañeros, amigos, aunque en el fondo, deseemos zafarnos de equis compromiso.

Lo primero que se nos olvida es que contamos con el derecho a decir “no”.  Es que siempre se siente algo de remordimiento cuando nos negamos y podemos creer que nos van a dejar de querer o frecuentar si salimos con nuestro “nanay”.

Quienes tenemos dificultad en decir “no” somos muy inseguros, aunque sabemos perfectamente quiénes somos, es posible que no hayamos encontrado eco en nuestra infancia, escuela o ambiente familiar a todas nuestras virtudes.  También es posible que nos hayan comparado mucho o que hayan resaltado sólo nuestro físico y nunca nuestras hazañas.

Somos depresivos gratis, todo nos agüita, todo pensamos que es nuestra culpa, somos sumisos, nos choca que nos controlen, pero siempre nos rodeamos de gente que nos manipula porque inconscientemente es cómodo y así no tendríamos que echarnos la responsabilidad de nuestras malas experiencias.

Pero ¿sabes algo? Decir “no” es riquísimo, lo malo es que cuando protegemos nuestro “yo” solemos negarnos de mala manera, con gritos, con enojo, nos volvemos duros, intransigentes, además pensamos que si nos echamos para atrás va a ser peor y ya no podremos controlar la situación después.

Por ejemplo, está la típica persona que vende mil productos y tú ya no quieres comprar, entonces lo que haces es darle excusas, pero no razones; ahí está el detalle. Si damos excusas, negociarán cada una hasta lograr la venta. Lo que hay que hacer es “evitar las explicaciones”, por ejemplo, decir: “Mira Hércules, me encantan tus productos sólo que ahora no compraré, pero yo te aviso cuando los necesite…”. Tienes que ver directo a los ojos, decirle su nombre y verás como no falla.

Puedes hacer la prueba con los limpia-parabrisas, si los ves a los ojos y sin perder la mirada les dices “no” con una sonrisa, ¡verás el resultado!

Si no quieres ir a las cervezas, por ejemplo: “Amigos, me fascinan las cervezas, me encanta ir con ustedes, pero esta vez no me uniré, a la próxima avísenme y ojalá las pueda acompañar…”. Quizá si se puede dar una “razón” está perfecto, como que vas al dentista, tienes una junta, hay trabajo, etc., pero excusas ¡nunca!, porque entonces no te los quitas de encima y además te quedas con la sensación amarga por el montón de cosas que tienes que hacer para proteger tu complejo de no ser aceptado, querido o tomado en cuenta.

¿Qué es más importante? ¿decir que “no” con seguridad o decirte constantemente “no” a tu derecho a elegir, acceder a tomar el control de tu vida, a regalarte el tiempo y las vivencias que tú decidas y a gozar de tu tranquilidad?

Anímate a dar pequeños pasos hacia tu decisión personal y recuerda que no necesariamente significaría ser groseros. Si hacemos contacto visual, decimos sus nombres, contactamos físicamente y decimos “no”, descargaremos eso tan pesado que nos hacía sentir tensos y estaremos en armonía y congruencia con nuestros pensamientos, ¿verdad?