Nadie me dijo

Por Maru Lozano Carbonell

Así son los centennials. Aquellos nacidos a partir de 1996 a 2012. En la fuerza laboral ya los tenemos.

Si tienes por ejemplo un intendente de 22 años, seguro hará el quehacer y se irá al rincón donde pueda estar con su celular. Si un pasillo de repente se ensució, él quizá se dio cuenta, pero como “nadie le ha dicho que limpie” pues no lo hará hasta que se lo diga su jefe, no cualquiera.

Como son nativos digitales hiperconectados, quizá te sirva más enviarle un mensaje de texto que esperar encontrarlo en el espacio que tú crees debería estar. Recordemos que ellos aprendieron a usar dispositivos antes de hablar, así que esperemos sus discursos acompañados de un tutorial en redes.

La vida de un centennial se desarrolla en 3 lugares particularmente: su casa, su colegio/trabajo y ¡el mundo virtual! Pero si sienten que el colegio o el trabajo les impide volar en redes, sufren y pierden el equilibrio, así que donde estudien o trabajen tienen que sentir les aporta y no que les exprime.

Si sienten rigor, etiquetan como “tóxico”, ya sea a las personas o a la empresa en general. Si tienen que entrar a las ocho de la mañana y no lo logran, dirán: “¡Ay! qué estrés, mejor busco algo flexible porque así no puedo, yo amo mi paz mental…”.

Su empleo es un trampolín para comprarse un nuevo celular, salir los fines de semana, ir a algún concierto, pero no porque su plan de vida lo esté trazando con miras a trascender.

Si lo que están haciendo dentro de la compañía no es importante o significativo, les tendrás que meter prisa y por supuesto, eso no les gusta. 

Entonces, ¿cómo no ser tóxico para ellos pero al mismo tiempo decirles que hagan las cosas, porque si nadie les dice no se mueven?

¿Cómo hacer que levanten la cabeza de sus móviles y se comuniquen realmente mirando a los ojos? ¿Cómo hacerles ver que la vida está adelante no allá abajo en el celular?

Es complejo porque lo que ven 24/7 es la vida del influencer que inculca que traer ropa de marca, tenis increíbles, el mejor dispositivo… es lo que te puede hacer valeroso. ¿Cómo hacerlos amar la vida que no tiene filtros?

Empezando por reflejar verbalmente que cada acción tiene una reacción, la mochila educativa que le mal-llenaron en casita con mimos y sobreprotección y el sistema educativo flexible, el jefe y los compañeros de trabajo experimentados, serán los que rescatarán de ese abandono. Acepten al joven como es y den las herramientas nuevas que guardará en su mochila. En la empresa se formará y estudiará para que sus habilidades blandas se desarrollen.

Capacita a tu personal para que sean habilidosos para trabajar en equipo, ser proactivos, para que desarrollen la capacidad de resolver conflictos, que la persona se oriente en resultados, que tolere la presión, que muestre capacidad para tomar decisiones, que sepa comunicarse eficazmente, que sea empático y que sepa escuchar activamente. 

Todo esto dentro del conocimiento y organigrama de tu empresa, con su misión, visión y valores. ¿Sabe tu empleado centennial hasta dónde puede llegar con su iniciativa ahí contigo? Es que si nadie le dice, espera un empleado que te sorprenderá preguntándole a tik-tok cómo hacer o no hacer sin romper la ley.