Nadando por una buena causa

Por Dianeth Pérez Arreola

Maarten van der Weijden es un nadador que este fin de semana logró reunir más de 2.5 millones de euros para la investigación contra el cáncer mediante una prestación fuera de serie: Nadó 163 kilómetros en 55 horas por once ciudades de la provincia de Frisia.

El campeón olímpico de 2008 tuvo que parar por razones médicas a solo 37 kilómetros de la meta, después de nadar día y noche, comer pizza sin salir del agua y dormir solo algunas horas.

“Voy a hacer esto porque estoy enormemente agradecido por haber superado el cáncer, y esa suerte les deseo a otros pacientes”, dijo antes de iniciar la ruta de 200 kilómetros del famoso “Elfstedentoch” o paseo por las once ciudades; un recorrido que cuando el clima lo permite y congela los canales lo suficiente, se hace patinando. La última vez fue en 1997.

Hace un año van der Weijden nadó desde Calais, Francia, hasta Dover, en la costa inglesa, y de regreso, en 18 horas y 45 minutos. A esta hazaña le llamó “solo un entrenamiento”. El también campeón mundial de nado en aguas abiertas lo ha hecho además desde Ámsterdam hasta Roterdam, y en otra ocasión nadó 24 horas sin parar.

Que no haya completado el reto de los 200 kilómetros no importa. Holanda está orgullosa de su campeón, y el lunes fue recibido por una multitud en la ciudad de Leeuwarden y además también fue recibido como un héroe en su ayuntamiento, Waalwijk.

El Ministro Presidente, Mark Rutte felicitó al nadador personalmente en Leeuwarden y le dedicó unas palabras de admiración a nombre de todos los holandeses. Van der Weijden es sin duda la noticia de la semana.

El atleta fue alentado por miles de personas en su paso junto a pueblos y ciudades. Muchos ayudaron a iluminar los canales por la noche para facilitarle las cosas al nadador, quien ahora mismo no quiere saber nada de natación.

Todo esto, me ha hecho pensar en Lorena Ramírez, la corredora Rarámuri que ha ganado cinco veces un ultramaratón de 100 kilómetros; a pesar de lo impresionante de su desempeño, no tiene el reconocimiento ni la atención que merece.

Y a veces la atención está mal enfocada, como pasó con la gimnasta Alexa Moreno en su participación en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro: en las redes sociales se burlaron de su supuesto sobrepeso, cuando no rebasaba los 44 kilos y además representó dignamente a un país enorme donde no abundan las representantes de esa disciplina.

Ojalá tuviéramos la actitud de los holandeses, quienes además de dar un lugar importante en los medios de comunicación a sus extraordinarios atletas, salen a apoyarlos masivamente, expresan su admiración y orgullo por ellos, y así sirven de ejemplo y motivación a muchos.