Nada que encandile

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Me digo, porque sí, porque platico mucho pero mucho conmigo misma, pero eso todos, pienso yo. Me digo que cuando me enfoco todo el resto se desvanece, se desenfoca en contraste con la palabra, me vuelvo objetiva, precisa y detallista.

Si es un objeto, a ese objeto le observo perfecto, lo siento, lo admiro, trato de absorberlo con los ojos, sentir su textura, su temperatura, pensar que historia me transmite, dónde lo pondría si mío fuera, para dónde nació y qué marcas tiene desde su existencia, cómo danza su sombra cuando el sol le coquetea.

Si es un humano, le veo, le escucho, intentó espantar cualquier otro pensamiento y me vuelvo receptiva, enfocada. Quiero escucharle, quiero sentirle a esa otra persona, leer su cuerpo, entender porque el precisar de ciertas palabras y otras no, sumar sus gestos, la tonalidad, la postura; su vestimenta que me dice, sus cicatrices y tics, su mirada, esos ojos que dicen todo pero uno tiene que estar enfocado, ¡así como foco iluminado!, para verlo todo, no dejar pasar nada ni el mismo aroma.

Últimamente me he enfocado y trato que todo lo demás se vaya y me deje, quiero en cada pieza que trabajo perderme un rato, platicar con ellas, admirarlas, admirarme en acción porque me gusta también ser testigo de mis propios cambios.

Me gusta saberme diferente cada día, no siempre para mejor pero hago el intento y en verdad que con eso me conformo y también me da algunos sorbos de paz, no busco llenar de trofeos la repisa vacía. Me enfoco en mi tolerancia, en la paciencia, en sentir, en no dejar que eso que corre por mi cuerpo y emociones me pinte de algo que no deseo en el fondo, odio mis lluvias hormonales, mis palabras insensatas que como en una carrera escapaban de mi boca haciendo daño, imitando querer destruirlo todo.

Prendo la luz en mí porque no tengo temor de observar lo que me habita, lo que soy y lo que hay, hay lo que he permitido y pasa lo mismo con esta mujer que escribe. ¡Enfócate! me digo, porque así soy, precisa, estoy en una a la vez sin necesidad de mucho, con poco guion, de pasos cortos, pero me gusta ese cansancio que no me abofetea, que de goteo me va llegando.

Momentos de lámpara, momentos de reflector, momentos de candelabro y momentos de vela, aquí no me mido y no escatimo, ¡enfocada!, me digo.