Nada de rapport

Por Maru Lozano

Rapport es crear un ambiente de confianza y sintonía con el otro. ¿Eres de los que se roba el micrófono y ni cuenta te das que eres aburrido? ¿Estás platicando y crees que eres lo máximo? ¡Aguas! Es posible que estés quedando mal, pero hay señales que indican el momento de ponerle reversa al carro.

Es posible que estés hable y hable y nadie te interrumpe. Indicador número uno de que podrías ser el protagonista que todo México desea ya no escuchar.

Si te interrumpen con “ajá”, “mmm”, “órale”, levantan las cejas y se distraen con las migas del pan, pues también indica que no estás yendo al grano. No te esperes a un agresivo: “bueno, y ¿entonces?”

No estires tanto la historia si te pasa lo anterior. Esto nos pasa mucho a las mujeres porque damos santo y seña. Practiquemos llegar al punto específico, ya si nos piden detalles los damos.

No nada más es la voz, también el lenguaje corporal. Primero haz contacto visual y, si al que le estás hablando se pone a ver sus manos, la hora en el celular, hace avioncitos con la servilleta, hace casitas y caligrafía en sus hojas, ¡estás aburriendo y es obvio que no lograste sintonía!

Pero si el que te escucha al verte, está inclinando un poco su cabeza, está pensando lo que dices. Esta postura de ladito es postura de comprensión.

Cuando el otro está semi-recostado en la silla, es falta de interés total. Si quisiera, se incorpora inmediatamente y se inclina hacia el frente, aunque sea poquito. ¿Lo estás durmiendo?

Las personas siempre te considerarán un buen conversador si los dejaste hablar y los escuchaste. ¿No te ha pasado que alguien te cuenta mil historias, y al final te dice que platicaron muy a gusto? Callemos más y hagamos preguntas inteligentes que animen a la otra persona platicar de fondo.

A todos nos encanta hablar de nosotros mismos y esparcir el conocimiento. ¡Por ahí vayamos!  Enfoquémonos en preguntar y alimentarnos para enriquecer la relación.

Evitemos ser inquisitivos creyendo que nosotros ya sabemos la ruta correcta, tratando de corregir o exagerando en los consejos gratis porque esto ¡agobia!

Evitemos hablar de temas relacionados con el dinero, de chismes (hablemos con las personas, no de las personas), política y religión si no es círculo de confianza.

Si lo pusiéramos en letras, redactar significa poner en orden. Si nosotros leemos algo bien redactado, lo primero que sale es el renglón de la idea principal, luego los detalles y luego se concluye. Justo así debemos hablar, llegar con la idea principal.  Si lo que se va a decir es triste o va a raspar, por ahí se empieza: “Tengo que comunicar algo desafortunado…” (lo acolchonas un poco), se dice y se detalla lo necesario.

Leamos mucho, informémonos, seamos conscientes de la impresión que causamos, casemos al lenguaje verbal con el corporal y siempre preguntémonos antes: “¿para qué?”. Si tenemos claro el objetivo de nuestras palabras, las dirigiremos asertivamente, sin duda alguna.