Mucho menos como termine

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Hoy les hablare como si los tuviera cerca, como si compartimos la misma mesa y quizá una que otra cerveza. Abriendo mi corazón como me gusta hacerlo con aquellos que comparto mi espacio y tiempo, como esos que te conocen de más y a veces cuando te engañas quisieras que te conocieran de menos para que no te lo reclamaran con esa rudeza que despierta.

¿Les ha pasado alguna vez que están en plena conciencia de lo afortunados que son? Comparas y sacas notas y aun así estás ventajoso en la vida, en números negros y sin embargo hay algo que te hace sentir que no has aterrizado del todo, como si sencillamente no llegaras ni al lugar, ni al estado imaginado o pensado. Creo mucho de mi problema que me hace plantear esto es que siento que con los años nos encariñan de más con la finalidad que con el proceso, los pasos, los escalones y las cosas que decoran la vida.

Pensamos que el último bocado será el mejor de todos, que al cruzar la última nota y después del silencio final sonarán campanas, estará el listón, los aplausos y con luces de neón la meta y resulta que no pasa nada y obviamente eso no tienen nada de malo, la nada se puede llenar con todo pero lo malo es que esperamos, tenemos expectativa, no sé, quizá de que nos crecerán alas, de que despegaremos, ¡que alguien saldrá con una credencial de que ya eres miembro de los que la ya hicieron en la vida y te pasaran a una sala especial donde pasan charolas con canapés y prosciutto!

¡Pero no! Seguimos siendo los mismos y el cambio que esperábamos no estaba tanto en seguir las pistas era más en la transformación lenta que no esperábamos y nos engañamos viendo el mapa, buscando en el horizonte cuando nunca nos hizo falta nada, todo siempre lo hemos tenido y llevado dentro.

“Y ahí está el detalle”, citando al adorado Cantiflas en que cada día sea un nuevo logro. Sí, lo sé que sueno optimista, pero mejor digamos idealista, de esos que sueñan todo los días poder vivir un poquito mejor y poder saborear las cosas que nos gustan dos veces.

Me atrevo a hablar de aquí y allá, brincando en pensamientos e ideas  porque los que me leen los considero amigos y un tanto cómplices, pasajeros temporales de mi cabeza  e ideas y creo que ya saben que a veces carezco de orden y coherencia pero lo trato siempre, trato de expresar el mundo dentro, sin palabras rebuscadas porque las podría olvidar antes de plasmarlas y con la espontaneidad que van naciendo porque las respeto. Cuando escribo me sumerjo en el aroma de la vida, de mi vida  y qué suerte tengo de compartirla, con todos aquellos que se dan el tiempo de seguirme entre palabras.