Movimiento circular uniforme

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Deberíamos de comenzar a admitir todo aquello que se pierde y con ello a uno mismo. Dejarnos ir cada noche y en la mañana dejarnos ser eso que nos toqué ser con lo que depare la hora, el itinerario o el clima; sería algo diferente, novedoso e infantil. Estamos a veces tan aferrados a todo eso que “creemos” ser que cerramos completamente la posibilidad de ser algo nuevo y diferente. Pienso que es por olvido, por unos toques de desinterés; no hay intriga en eso que no somos ni curiosidad y mucho menos preguntamos ¿por qué no es que no somos? Sencillamente criaturas de hábitos como tanto lo he mencionado, eso familiar deja de ser un tinte positivo cuando comienza a limitar la propia posibilidad, cuando se vuelve un uniforme, una expectativa, un reclamo, un sedativo.

Últimamente, porque parece que todo me ha pasado últimamente, pienso mucho en una nueva versión de mí, en una lista de ajustes, sin desprecio a esto que soy (debo aclarar) pero sí con un interés por esa persona que puedo ser, en las áreas que puedo cambiar. Explorarnos al máximo para conocer más de la experiencia de estar vivo y ser uno mismo en cada parte del proceso y la repetición.

Hay tanto de filosófico en sabernos distintos sin así sentirlo y al mismo tiempo sin poder encontrar las quince diferencias, pero me gustaría que se volviera más notable la puerta abierta de la jaula y un día ya no necesitarla, ser algo así como “libres”, sea cual sea el significado que tengamos de esa palabra. Dejarnos danzar y escuchar en silencio la melodía, saber de gritos que alivian y omisiones que elevan. Nuevas formas y serán nuevas oportunidades. Saber que hay en un café oscuro, en el vino blanco, en un pescado empanizado, en una ensalada de repollo, todos estos tan ignorados por mí a lo largo de los años, quizá vuelva a las segundas oportunidades. Hay tanto en mi cuerpo que podría reclamar, tantos sentidos no explotados ni siquiera usados, tanta potencia dormida, tantas palabras que quieren resonar en mi lengua y un interior infinito que comienza a hormiguear. Imaginar ayuda, imaginar abona la idea, imaginar hace la pista de aterrizaje. Qué el sueño despierte y el Yo latente redoble en vuelo.