Monsiváis en la memoria

Por Pedro Ochoa Palacio

En junio de este año estaremos conmemorando diez años de la partida del insustituible escritor mexicano Carlos Monsiváis. A una década de distancia quizás sea necesario una reflexión sobre su obra.

Monsiváis nace en la Ciudad de México el 4 de mayo de 1938 y es fiel a su origen y a su ciudad. Se inscribe en las facultades de Economía y Ciencias Políticas de UNAM. Su primera crónica es de 1954 cuando asiste a la manifestación de protesta por la invasión de EU a Guatemala y que provocó la caída del gobierno de Jacobo Arbenz. Pero lo que llamó la atención de Monsiváis fue ver a Frida Kahlo por vez primera. “Ver cómo la bajaban del auto, la llevaban en silla de ruedas, estar al lado de Diego Rivera y el respeto y admiración con que la gente la miraba”.

En 1966 publica su autobiografía, sobre la cual dijo años más tarde, la escribí con el mezquino afán de crearme un perfil entre Albert Camus y Ringo Starr. A partir de entonces trabaja para Radio UNAM y publica crónica cultural y columna editorial, prácticamente en todos los periódicos y revistas de México. Ningún tema escapa a su interés, como, arte, literatura, cine y cultura popular. Destaca la dirección del suplemento cultural de la revista Siempre!, La Cultura en México. En 1966 también publica su primera obra Antología Poética del Siglo XX, cuando aparece, Emmanuel Carballo lo presenta como hombre Orquesta “que hace cine, (se encuentra) participando en shows de cabarets, escribiendo artículos políticos, crítica literaria, narraciones, autobiografías”, es decir, no cabe duda que desde ese momento Monsiváis es un personaje destacado de la cultura nacional.

Luego vendría su primer libro de crónicas Días de Guardar (1970), en el cual incluye textos sobre el Movimiento Estudiantil de 1968, el Día de las Madres y el concierto masivo de Raphael en la Alameda Central, así de amplio es el espectro intelectual  de Monsiváis desde lo social a lo cultural. Después vendrían Amor Perdido (1977) incluyendo retratos críticos de Agustín Lara, Salvador Novo, David Alfaro Siqueiros y José Alfredo Jiménez. Seguirían Entrada libre. Crónicas de la sociedad que se organiza (1987), la crónica del terremoto de 1985.

Aunque siempre se autodefinió simplemente como lector y luego como un cinéfilo, Monsiváis fue, según el escritor Sergio Pitol, un polígrafo en perpetua expansion, un sindicato de escritores… pero también un incomparable historiador de mentalidades, un ensayista, intensamente receptivo y agudo. Es el cronista de todas nuestras desventuras y prodigios. Y para Octavio Paz “no es ni novelista, ni ensayista, sino más bien cronista, pero sus extraordinarios textos en prosa, más que la disolución de estos géneros son su conjunción. Un nuevo lenguaje aparece en Monsiváis, el lenguaje de un muchacho callejero de la Ciudad de México, un muchacho inteligentísimo que ha leído todos los libros, todos los comics, que ha visto todas las películas. Monsiváis, un nuevo género literario”.

Me podría extender sobre las aportaciones de Monsiváis a la cultura mexicana, sin embargo, es imposible abstraerse a la grave situación apocalíptica que vive México y el mundo causado por el Covit-19. No puedo evitar recordar el discurso del doctor Miguel León Portilla, después terremoto de 1985: Todos estaban tristes, apesadumbrados, ¿en qué ha parado nuestra ciudad?, ¿va a desaparecer, ese es nuestro destino? Entonces se dio lectura a la profecía del cronista Chimalpahin: “En tanto que dure el mundo, no se acabará, no perecerá, la fama, la gloria de México Tenochtitlán”.

El mensaje de León Portilla es, que ante la adversidad, la cultura permanece.