Moisés

Por Daniel Salinas Basave

Como todos los miércoles, envío esta columna con copia al correo de Moisés Márquez. Así ocurre desde 2009, cuando  el colega llegó a integrarse en el naciente proyecto de InfoBaja. Salvo por el periodo en que fue invitado a laborar como director de Comunicación Social del Ayuntamiento de Tijuana, cada colaboración mía enviada a El Informador o InfoBaja pasaba por su escritorio. Un ritual semanal de trabajo que se mantuvo vigente hasta esta terrible primavera.

Hoy mi columna la reciben Luis Fernando Vázquez y Hugo Fernández pero ya no Moisés, o al menos no en este plano. Habría deseado nunca tener que escribir estos párrafos de despedida para un colega que siempre estuvo ahí, en la trinchera del trabajo duro.

Recibí su último WhatsApp el pasado 16 de abril. Cinco días después, supe por Luis Fernando Vázquez que Moisés acababa de ser internado en el hospital. Dentro de lo delicado de su condición, Moisés estaba estable y consciente. Las noticias que recibía es que pese a la gravedad de la enfermedad, Moisés estaba librando la batalla como un guerrero y saliendo adelante. Así fue siempre el colega, un peleador que no se achicopalaba ante las adversidades de la vida y la cuesta arriba de las circunstancias. Aunque no soy dado al optimismo fácil, pensé que Moisés saldría avante e imaginé que escribiría una gran crónica testimonial sobre la forma en que había enfrentado y vencido a la enfermedad. Vaya, los miles de periodistas que cubren los efectos de esta pandemia reciben información y captan lo que pueden desde afuera de los hospitales, pero Moisés tendría la oportunidad de narrar el drama en primera persona desde las entrañas. Imaginé que Moisés saldría y que todo esto sería tan solo un mal recuerdo, pero una tarde de mayo recibí la noticia de que su condición había empeorado y la mañana del día 7 inicié el día enterándome de su muerte.

Moisés fue colega de fierro, echado para adelante, que aún en la adversidad no perdía la sonrisa, el buen humor y la capacidad de relajar el ambiente con una broma. Se ponía la camiseta, trabajaba duro y no bajaba nunca la guardia. Lo suyo era una lealtad a prueba de fuego y también un buen corazón, atípico en las lides periodísticas.

Su fuerte era sumergirse en las profundidades, ya fuera del Océano Pacífico como buceador o de la noticia como periodista. Pudo haberse consagrado a la biología marina en Guaymas, pero el periodismo es una vocación poderosa. Para los que entonces éramos jóvenes reporteros, siempre era un punto de referencia y un ejemplo el reportaje vivencial que hizo para La Crónica de Mexicali, cuando se hizo pasar por migrante indocumentado para vivir el drama de la deportación. Ya fuera desde la trinchera del reportero o el escritorio de editor, Moisés fue siempre un profesional entregado con pasión a su oficio.

Si hoy estuviera recuperado, sin duda habría grabado ya “Las Seis de Moisés” y estaría haciendo una cobertura muy completa sobre el fallo de la Suprema Corte de Justicia en torno a la gubernatura de Baja California o sobre el gradual rompimiento de la cuarentena y la supuesta vuelta a la normalidad (aunque ya no haya normalidad a la cual volver). Tal vez pronto estos días sean ayeres, pero la negra primavera ya dejó por herencia una herida y un vacío que no se llena. Grande Moisés. Te vamos a extrañar. Por lo pronto, ahí te va mi columna.