Modernos y líquidos

Por Maru Lozano Carbonell

De Polonia llega el sociólogo Zigmunt Bauman para acuñar el término “modernidad líquida”. ¿Ya te imaginaste cuánto dura un poco de agua en tus manos? Se escurre, no dura, refresca un tanto, ¡pero la pierdes!

Hace unos buenos años, impensable quererte cambiar de escuela, de trabajo, de residencia así nada más. ¡Perseverábamos! Un divorcio era motivo de escándalo familiar y social, tenías que permanecer sí o sí como buen guerrero.

¿Recuerdas ir a reparar tus zapatos, electrodomésticos, muebles y demás pertenencias? ¿Pensaste alguna vez que tendrías un celular y que lo cambiarías seguido?

Pues Bauman dice que este periodo que estamos viviendo así se llama: “Modernidad Líquida” porque nos estamos pareciendo muchísimo a sus características de inestabilidad, falta de cohesión y de carencia de una forma definida.

Antes éramos sólidos, predecibles, estables. ¿Estaba bien o mal? Porque ahora somos fluidos, impredecibles, cambiantes. ¿Estaremos bien o mal? Es que ¡parece caótico!

Si hubo un cambio de sólido a líquido, ¿qué vendrá después?

¿Qué provocó que llegáramos a ser tan fluidos? Es que la autoridad ya no puede controlar o ¿es que hemos cambiado los términos? Ahora ya no se trata de controlar sino de conciliar, consensuar, acordar.

El gran avance que la tecnología ha tenido, nos ha lanzado también a movernos a pasos agigantados, de lo contrario, nos ponemos rancios. Habremos de aceptar que la forma de trabajar, de entretenernos, de transportarnos, incluso de comunicarnos, ha cambiado y cambiará más. Entonces, la forma de relacionarnos es otra.

Ya nos damos cuenta que nuestra cultura, nuestra economía y todo en general, se modifica porque se abrieron las puertas de par en par.

Nos quejamos que no podemos tener estabilidad en un empleo, sin embargo, tampoco queremos atarnos a una sola posibilidad. Por ejemplo, mi hija dentista, descubre que estudiar una segunda carrera y ser docente, también le atrae, incluso más.

Ahora el “cambio” se vuelve la “norma” porque te actualizas o adiós. El consumo material y virtual está a la orden del día. Tu personalidad líquida la puedes formar y moldear cuanto quieras a través de tus perfiles en redes sociales para adaptarte al nivel deseado. ¿Eso está bien? Yo me preguntaría: ¿En verdad te está funcionando para ser feliz y auto-realizarte? ¿Sientes que tienes estructura para echar andamios? ¿Construyes algo? ¿Cuentas con soporte y refuerzos humanos?

Un balance entre ese estado sólido y el líquido nos toca buscar, defender y promover. Que no nos angustie lo efímero y pasajero. Creo que fortalecer nuestras relaciones humanas, familiares, espirituales y -aunque de flojera- alimentarlas día a día, podría apaciguar tal estrés. ¿Ya le llamaste a este amigo hoy? ¿Ya contactaste a ese familiar para saludarle?

Los medios existen, no hay pretexto. Si algo nos está dejando claro esta pandemia al aislarnos de repente, es que la fuerza y unión entre los seres vivos es vital. ¡Seres vivos! Entiéndase gente, animales, plantas… ¡la naturaleza! ¡Unámonos! Fabriquemos cosas y usemos cosas, pero de la mano de lo que tiene vida.

Imaginemos por un momento un cuchillo, éste puede ayudar a dañar a alguien o bien puede ayudar a partir un pan, compartirlo y guardarlo después de su rápido uso. Así que todo es neutro, depende para qué lo utilicemos.

A pesar de la tecnología que nos encasilla y agrupa, ¡eduquemos la libertad!