Mitos Urbanos, Parte 1

Por Jorge Alberto Gutiérrez Topete

Escuchamos y leemos en notas periodísticas la reacción negativa de algunos vecinos a proyectos verticales que se están desarrollando en nuestra ciudad, como si fueran acciones unilaterales de los desarrolladores cuando la nueva política de desarrollo urbano y vivienda de nuestro país así lo requiere en base a buenas prácticas internacionales y como reacción al fallido modelo urbano que hemos aplicado en nuestras ciudades desde la década de los 80s, donde en México se impulsó un acelerado crecimiento de las ciudades de baja densidad, extendiendo la mancha urbana hacia la periferia; de hecho, desde esos años la población urbana del país ha crecido 2 veces, y la mancha urbana de las ciudades lo ha hecho 7 veces provocando con ello ciudades disfuncionales muy distantes, con usos del suelo dispersos y desconectadas al no contar con sistemas de transporte de calidad y depender altamente de traslados individuales en automóviles durante largas distancias.

Algunos detractores de esta densificación, afirman que los desarrolladores han “engañado” o están en “contubernio” con autoridades locales para autorizar dichos desarrollos. Otros afirman que cambiaría “negativamente” la manera de vivir de los vecinos de estas zonas acusando una presunta ausencia de “planeación” y afirmando que estos desarrollos verticales provocarán mayor tráfico, acabarán con el agua, la electricidad y saturarán los drenajes de la ciudad. Todo esto está muy alejado de la realidad. Es por ello, que ahora me atrevo a comentar y de algún modo desmentir algunos de los “Mitos Urbanos” utilizados incorrectamente sobre los efectos de la densificación urbana:

Mito #1: Los edificios de departamentos provocarán más tráfico.

El construir vivienda vertical y desarrollos de usos mixtos en las zonas más céntricas y consolidadas de las ciudades provocan que los que ahí residan requieran viajes más cortos para ir al trabajo, a la escuela o para realizar sus actividades diarias en la ciudad. De hecho, los residentes en zonas más densas tienden a utilizar menos sus autos, caminan más y ayudan a que florezca el comercio de barrio. Esta actividad comercial y peatonal adicional, además ayuda a crear un tejido social más sólido ya que se provoca interacción entre los vecinos y por ello, tienden a ser zonas más seguras respecto a otras de menor densidad.

Mito #2: Los edificios de departamentos terminarán con el agua, la electricidad y el drenaje.

Muchos de los desarrollos verticales que se construyen en nuestra ciudad, se ubican en zonas que tienen décadas de haber sido construidas y su población ha ido en constante decrecimiento por el envejecimiento de sus residentes. Esta menor población (hasta menor al 50% que en los tiempos que tuvo más residentes) presupone una sobre capacidad de las instalaciones al estar sirviendo a menos habitantes. Además, la cultura de ahorro de agua y energía tienen efectos adicionales en el consumo; por ejemplo, según datos de la CESPT, un tijuanense en 1991 consumía 307 litros de agua potable por día y en 2015 cada tijuanense consumíamos 170 litros solamente, equivalente a un ahorro del 45%. Si consumimos menos agua, se verá reducido de manera proporcional el drenaje que descargamos a la red de la ciudad. En cuanto a la electricidad, la mayoría de los mexicanos iluminábamos nuestras casas con focos incandescentes de 75 y 100 watts, y ahora un foco LED de 13 watts ilumina lo mismo con tan solo un 13% de la energía. Un refrigerador actual, consume el 25% que un refrigerador adquirido en 1974. Hay capacidad instalada que tendría que ser aprovechada para atender a más residentes, en lugar de estar construyendo más calles y redes costosas en la periferia de la ciudad. Los escasos recursos disponibles estarían mejor invertidos en brindarle mantenimiento a las redes existentes.

Mito #3: No hay planeación.

Al contrario. Ciudades como Tijuana tienen instrumentos vigentes de planeación como el Programa de Desarrollo Urbano del Centro de Población (PDUCPT) donde se establecen los lineamientos y políticas que rigen el desarrollo urbano de la ciudad. Podemos afirmar, que todos los desarrollos verticales que se encuentran en la ciudad, se encuentran dentro de polígonos que tienen desde por lo menos el año 2010, una política de desarrollo urbano de densificación. Desde esas fechas, los planificadores de nuestra ciudad ya habían reconocido que había que modificar el modelo urbano de la ciudad, y ahora ya desde el gobierno federal se establece el nuevo modelo que todas las ciudades tendrán que adoptar, impulsando usos de suelo mixtos, mayores densidades, mejor transporte público y movilidad no motorizada buscando inhibir el uso de vehículos privados.

Sin embargo, tampoco quisiera decir que ningún proyecto está libre de pecado, pero puedo afirmar que la gran mayoría de ellos han sido gestionados, diseñados y ejecutados de manera responsable.  Obviamente estas intervenciones en zonas habitadas y consolidadas de la ciudad, son delicadas y los desarrolladores y autoridades se tendrían que coordinar mejor para garantizar la seguridad de los vecinos y minimizar los impactos negativos durante el proceso de construcción alrededor y en la zona inmediata de influencia donde se encuentran estos proyectos.

Continúa la próxima semana.