Mismo Alemania, nuevo Brasil

Por Guillermo A. Sánchez-Aldana

A pesar de un inicio de torneo incierto en donde acumuló un par de empates sin anotaciones ante equipos como los de Sudáfrica e Irak, el equipo de Brasil encontró su mejor futbol cuando más importó y logró obtener una de las preseas que hasta hace poco se le seguía negando. Y es que la selección brasileña había sido capaz de ganar todo tipo de torneo a lo largo de su ilustre historia futbolística, con la distinción particular de ser el único país que ha ganado la Copa del Mundo en cinco ocasiones, pero nunca una competición olímpica. Habían llegado a esta misma instancia en un par de ocasiones ya, incluyendo aquella final de hace cuatro años en Londres que vivirá por siempre en la memoria de la afición mexicana, y la plata era la única medalla que colgaba de sus cuellos. Y se veía difícil que el conjunto sudamericano fuera capaz de reinstalarse en una final olímpica en tan solo cuatro años, pero el futbol da revanchas y los brasileños tendrían una oportunidad más de colgarse el oro, esta vez ante el equipo de Alemania.

Con el morbo incluido tras aquella humillante derrota ante los teutones hace un poco más de dos años en el mundial, la verdeamarela llegaba a una final olímpica más, en esta ocasión en tierras cariocas, para acabar con la sequía de títulos. Desafortunadamente, al frente se presentaba un rival poderoso que llegaba con las mismas intenciones de llevarse el galardón olímpico y con mejores argumentos para apropiarse del mismo. Y es que este conjunto alemán mostraba un estilo de juego muy similar al del actual campeón mundial, con un orden constante en todas sus filas y una delantera letal.

El miedo de que se repitiera aquella desgracia de la Copa del Mundo era aparente, sobre todo por parte de la afición brasileña. Y quizá la Alemania que se presentó al Maracaná tenía cierto aire de aquel equipo de hace dos años, pero esta vez se topó con un Brasil totalmente distinto.

Fue un equipo de Brasil que desde el principio del encuentro tenía muy claro lo que estaba en juego. Nunca le cedió la iniciativa al rival y buscó el triunfo en todo momento. Dejó a un lado los lujos por la eficacia. No solo metió goles, sino supo cómo defenderse de ellos y se convirtió en el equipo menos goleado de todo el certamen, solo recibiendo un gol en la final sin contar la tanda de penales. Aprovechó la calidad y el talento de su estrella Neymar, pero cuando éste no aparecía el equipo no se cayó. Fue un conjunto de Brasil que dependió más del juego colectivo que del talento individual de cada uno de sus jugadores. Y por todo esto se volvió el digno ganador del oro olímpico.

Es un estilo muy distinto al que venían mostrando anteriormente, pero de seguir así este nuevo Brasil podría ser el que los regrese a los primeros puestos del futbol mundial.