Miles de mujeres también marcharon por la vida y la paz

Por Manuel Alejandro Flores

Una vez más la Arquidiócesis de Tijuana da muestra y ejemplo de como deben llevarse a cabo las manifestaciones pacíficas en una ciudad civilizada como Tijuana. Convocar a la comunidad, invitar a las escuelas católicas, movimientos, parroquias y personas de buena voluntad que quieren manifestarse de una forma pacífica y ordenada, dar vista a todas las autoridades obteniendo los permisos correspondientes para actuar de manera coordinada y afectar lo menos posible a los transeúntes. Salir en domingo en la mañana tomando en cuenta precisamente que es el día en que se afecta menos la dinámica social y movilidad de la gente de la ciudad son muestras claras de la búsqueda de empatía social que tiene la Iglesia Católica local.

En medio de las manifestaciones feministas radicales, que dañan la propiedad ajena o los monumentos históricos, la Vigésima Marcha por la Vida y la Paz vuelve a aparecer en la agenda pública de la ciudad para demostrar que si es posible sacar a miles de personas a caminar para orar, cantar, bailar y celebrar lo más importante que tenemos las personas: la vida. Y a su vez exigir a los diputados y diputadas y a todos los órdenes de gobierno que para parar la violencia hay que empezar por los más indefensos: los no nacidos que dependen de su madre para poder vivir.

Miles de mujeres abarrotaron la marcha, es la presencia de la mujer en la figura de las madres de familia, las maestras, las religiosas, las comerciantes, las ancianas o abuelitas, las empresarias, las novias, las reporteras y las niñas lo que le da a la marcha un espíritu especialmente pacífico y armonioso. Bien lo comentó el señor Arzobispo Francisco Moreno en su homilía, somos diferentes tanto en lo físico, lo emocional, lo psicológico y como percibimos la realidad, pero idénticos en cuanto a la dignidad como Hijos de Dios y personas. Estas diferencias no son para confrontarnos, sino para complementarnos y buscar la unidad y armonía social desde la fundación de la familia y la educación de los hijos.

Este domingo hubo niños que marcharon por primera vez y jóvenes que han marchado desde su niñez. En lo personal tengo 18 años participando en la organización de esta marcha que sin duda forma parte del legado culturar de una ciudad plural, incluyente y diversa en donde todas las expresiones caben. La marcha llega a su juventud pasando por la primera con menos de tres mil personas e impulsada por las escuelas católicas de la entonces Diócesis de Tijuana para después convertirse en una expresión clara de la Iglesia Católica, que sin duda, una de las razones por la que más es atacada por sus adversarios tiene que ver con esta defensa de la vida desde la concepción y una oposición clara al aborto y al matrimonio entre personas del mismo sexo. Siempre clara en lo que promueve. Siempre fomentando el cuidado y preservación de la vida y la unión familiar desde el matrimonio entre un hombre y una mujer.

Las mujeres marchistas del domingo, también demuestran algo claro. No se necesita expresar la indignación o molestia por la muerte de mujeres en medio de los feminicidios que acontecen destruyendo o irrumpiendo en espacios que promueven algo diferente a lo que creen. Se necesita de mucha inteligencia, mucha paciencia y la disposición de construir y no de destruir para lograr cambios sociales importantes. Si bien los movimientos feministas han generado cambios sociales importantes en la historia reciente de la humanidad, siempre han sido primero con la manifestación pública creativa y no violenta. Hoy parece que la creatividad ha pasado a segundo plano y se opta por la violencia para querer imponer ideas, no siempre positivas o constructivas para la sociedad. En cambio las mujeres que estuvieron el domingo manifestándose por la paz en Tijuana, demostraron creatividad y amor: creatividad expresada en arbolitos repartidos para apoyar la campaña e sembrar un árbol para mejorar la calidad del aire en nuestra ciudad, amor expresado en el reconocimiento de que Dios nos ayuda siempre pero requiere de nuestras manos y esfuerzo para que los cambios sucedan.